Ana María, quería un trabajo…

Maria Angeles Altozano 1 de Mayo de 2026

Este 1 de mayo, Día del Trabajo, te contamos la historia de Ana María, que es la de tantas otras personas cuyas carencias se recogen en la Hoja de Caridad. Esas historias reflejan la importancia de tener un empleo, digno.

Le ofrecieron pan, le ofrecieron manta, le ofrecieron agua… pero lo que ella quería era un trabajo…

Este podría ser el comienzo de las muchas historias que nos llegan a Cáritas Madrid. La mayoría de las personas que llegan a nosotros –por no decir todas– no buscan una ayuda puntual. Su vulnerabilidad va más allá; vienen con carencias económicas y necesidades básicas sin cubrir, sí, pero también con carencias emocionales y afectivas. Quieren volver a ser parte de una sociedad que avanza dejando en los márgenes a miles, millones de personas.

Ana María confirmó, tras el portazo de quien era su marido, que ella también era una de las que se había quedado al margen, sola con tres hijas, sin trabajo y con escasos ahorros. Y del margen a la exclusión solo hay dos pasos: el que das cuando dejas el piso donde vives, y el de entrada a una habitación alquilada que se será a partir de ahora el nuevo hogar para las cuatro.

Tenían techo, comida y ropa, pero su vacío iba más allá de contar con pocas cosas en la nevera; era un vacío emocional. “Hace dos días yo estaba en el mundo”, decía.

Así llegó al Servicio Diocesano de Empleo, con un profundo vacío de confianza y autoestima, “yo no quiero ayudas, yo lo que quiero es trabajar, saber que puedo…”. Que puedo aportar, que puedo ganar, que puedo merecer.

No es el único caso. El trabajo es lo que devuelve a la vida y a la sociedad a quienes quedaron apartados. Pero no cualquier trabajo, un trabajo que permita pagar facturas, gastos y una vivienda adecuada, y que además permita desarrollarse. Vivir con dignidad, vamos.

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Por un empleo digno
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