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Una crisis para poner en valor los empleos socialmente esenciales

Con motivo del Día de las Trabajadoras del Hogar reflexionamos sobre la oportunidad que nos está dando la pandemia del coronavirus para poner en valor los empleos socialmente necesarios en nuestras vidas.





Cáritas Madrid. 1 de abril de 2020.- Hay quien cuestiona la utilidad de la celebración de los días internacionales. Pero sirven, al menos para poner sobre la mesa determinadas cuestiones que, habitualmente, no son noticia.

Uno de los colectivos más afectados por la crisis que estamos viviendo, desde una óptica laboral, es el de las trabajadoras del hogar, que ayer celebramos su día. En femenino, porque a nadie se le oculta que la inmensa mayoría de las personas que trabajan en este sector son mujeres. Según datos de afiliación de la Seguridad Social, el 95 % de son mujeres, ya que suponen 376.000, frente a 17.000 hombres. Por otro lado, aproximadamente una de cada tres empleadas de hogar, trabajan en negro. Según datos de la EPA del último trimestre había 580.500 personas que aseguraban que estaban ocupadas en actividades del hogar como personal doméstico. De estas 580.500, como hemos dicho, 376.000 están dadas de alta en el Sistema Especial de Empleadas de Hogar, trabajando el resto en negro.


El Sistema Especial mencionado no reconoce los mismos derechos a las trabajadoras que a las personas que están afiliadas en el Régimen General de la Seguridad Social. No tienen derecho a la protección por desempleo, ni pueden optar por la jubilación anticipada. Tampoco están cubiertas por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Y es que España no ha suscrito todavía el Convenio 198 de la Organización Internacional del Trabajo, que supondría un gran paso en la equiparación de derechos laborales y de Seguridad Social para las trabajadoras del sector.


Nuestro compromiso

Cáritas Madrid, por medio de la Agencia de Colocación, acompaña a estas trabajadoras en su proceso de inserción laboral. Esto se lleva a cabo mediante la intermediación con los empleadores y con la formación, mediante un taller de habilidades domésticas de gran calidad, que les permite adquirir competencias y mejorar su empleabilidad.


Una cosa ha puesto de manifiesto esta crisis que vivimos, es la importancia de los trabajos de cuidados, incluyendo los domésticos. A diario vemos en los medios quiénes son las personas que están dando la batalla. Dejamos que sea el papa Francisco, con las palabras que pronunció durante la bendición bendición Urbi et Orbe extraordinaria del pasado 27 de marzo: “Es la vida del Espíritu –afirmó el Santo Padre— capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21)”.


En la economía del trabajo, a la hora de abordar los salarios, nos podemos encontrar con un aserto que dice que el salario está definido en función de la utilidad social del mismo. La palabra crisis procede del griego κρίσις (krísis), ‘juicio', 'decisión'. Esperemos que aprovechemos esta situación para decidir, como sociedad, que los trabajos de cuidado son socialmente extaordinariamente útiles.