Santa Hortensia, 1-B - Teléfono: 91 548 95 80     caritasmadrid@caritasmadrid.org

Un espacio donde realizarse

Centro de Día de la Mujer de Cáritas Madrid.


Cáritas Madrid. 25 de octubre de 2014.-  A las 11:30, cuando llegamos al Centro de Día de la Mujer de Chamberí, están preparando café con galletas. Todas las mujeres que van a los talleres más las voluntarias que dan las clases, se reúnen en esta pausa. Fomentar las relaciones personales es uno de los objetivos que busca este centro. Aquí vienen mujeres en situación de vulnerabilidad ya sea por su poca formación, sus dificultades de aprendizaje, sus escasos ingresos o la precariedad familiar, mujeres también con enfermedades físicas o mentales, con problemas de soledad, de maltrato o con tratamiento de adicciones leves. “Tengo ochenta y un años y el centro me ha dado media vida”, nos dice una de ellas que ha tenido una vida familiar muy dura, “voy al taller de cultura general y cuerpo humano y no me pierdo la gimnasia”.

 

El centro se ha trasladado de Tetuán a Chamberí y el año pasado acogió a 69 mujeres, la mayoría de ellas españolas aunque hay un 30% de extranjeras, casi un 70% sin estudios o estudios de primaria y con una media de edad entre cincuenta y ochenta años. “Vengo para evadirme un rato de mi problema. Cuido personalmente a mi marido hemipléjico desde hace treinta años”, nos dice otra de ellas.

 

Aquí encuentran cursos de formación: alfabetización y cultura, informática, un taller de memoria, cine, etc. Hay también cursos de creatividad: manualidades, pintura, costura... Talleres de salud gimnasia, prevención y salud, higiene, hábitos saludables, y actividades lúdicas en las que celebran cumpleaños, fiestas, excursiones.

 

Algunas de estas mujeres llevan toda su vida viviendo en Madrid y apenas conocen las calles de su barrio. “Nos sentimos bien viniendo aquí”, nos comenta otra, “nos sentimos más seguras de nosotras mismas”.

 

Elevar su autoestima, darles una mayor seguridad personal, que crean en ellas mismas, que sean capaces de relacionarse con otras personas, son los objetivos del centro que se consiguen a través de esos talleres, de las charlas y de ese café con leche del mediodía.

 

El centro está abierto a todo tipo de mujeres, con todo tipo de problemas o necesidades. Unas llegan derivadas por trabajadores sociales de centros de la zona, otras aconsejadas por familiares o amigas. Una de ellas nos cuenta su experiencia: “Llegué al centro porque me trajo mi hermana. Yo había tenía una experiencia muy dura y no quería venir, ni apuntarme a nada. Al final, un poco forzada, me apunté a informática. Ahora voy a gimnasia, a clases de memoria, me apunto a todas las salidas. Vengo a aprender.” Cuando llegan al centro, algunas no hablan para no meter la pata, otras creen que no saben hacer nada. Cuando acabamos el café, escuchamos una conversación entre dos de ellas: “¿Te acuerdas de las ranitas que hicimos el año pasado a punto de cruz? Pues las he visto iguales en el escaparate de una tienda y no eran baratas,¡iguales que las nuestras!, ¿podíamos venderlas?”. “Hay buena armonía entre nosotras, nunca discutimos aunque no tengamos las mismas ideas.” Se ha acabado la pausa y cada una vuelve a su clase y cuando salgan de aquí volverán a su vida cotidiana.

 

Beatriz Pécker