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"Todos merecemos una segunda oportunidad"

Ilka se quedó sola en Madrid, embarazada y sin permiso de trabajo para poder salir adelante. Cáritas le ofreció una ayuda que supo aprovechar. Ahora está a punto de casarse, tiene un empleo y un futuro cargado de proyectos. Ésta es su historia


Cáritas Madrid. 2 de mayo de 2019- Me gustaría empezar mi historia diciendo “todos merecemos una segunda oportunidad”, una mano amiga que nos de ese empujón que muchos necesitamos para salir adelante. Vine a España a finales del 2017, con una beca de estudios y muchos planes para llevar a cabo. En el transcurso de mi estancia conocí al padre de mi niña, quien después de tres años de relación decidió salir de mi vida después de darle la noticia de que me había quedado embarazada y después de negarme a abortar, tal y como él me insistía.

 

Ya con ocho meses de embarazo y amenaza de parto prematuro, pero aun así con toda la ilusión del mundo por que iba a ser madre, me vi sin trabajo, me habían negado el permiso que estaba tramitando la empresa, no podía renovar mi permiso de estudiante, con lo cual me había quedado “ilegal” y a punto de traer mi niña al mundo.

Después de acudir a varias instituciones, así como a servicios sociales, sin frutos en mis visitas, me acerqué a la Caritas Parroquial de mi barrio, allí conocí a Maribel, que enseguida sirvió de intermediaria con Servicios Sociales.

Desde Cáritas empezaron a ayudarme también con bolsas de alimentos y leche para la pequeña, además de gestionar solicitudes de ayuda con otras instituciones, gracias a lo cual conseguí una prestación de La Caixa. Sin embargo, seguía faltándome lo más importante: poder trabajar. Ninguna empresa, a pesar de mi preparación, me contrataba por mi situación irregular. En esa búsqueda de soluciones, me derivaron a la Vicaría. Allí nos acogieron con entusiasmo y se mostraron dispuestos a tenderme la mano, apoyarme en lo que necesitara.

 

Acto seguido, me enviaron al Servicio de Asistencia y Compañía del Servicio Diocesano de Empleo. Recuerdo con lágrimas en los ojos (aunque quien esté leyendo no lo pueda ver), todos los esfuerzos de las chicas, en especial de Astrid, mi querida Astrid, que me enviaba a entrevistas para poder conseguir trabajo. En Cáritas siempre persistían y al mismo tiempo me daban ánimos y esas palabras que en esos momentos duros te falta escuchar.

En esa constante, llamó a las oficinas de Cáritas Madrid una familia que buscaba cuidadora para una señora mayor, Astrid le contó mi situación y ella me citó para una entrevista: “Puede venir con su hija”, dijo.

“No te preocupes todo te irá bien”

Ana nos recibió en la entrevista con dulzura y compresión y con unas palabras llenas de esperanzas me dijo: “No te preocupes todo te irá bien”. Después de hablar con ella y contarle por la difícil situación por la que atravesaba me dijo que podía trabajar ir a con mi niña. “A la abuela le hará ilusión”, y añadió “Nosotros nos encargaremos de ayudarte en todo lo que podamos para que puedan estar legales tú y tu pequeña”.

Estoy convencida que esto no hubiese sido posible sin la mediación de Cáritas.

Todas las mañanas, cogía el tren de las 6:45 de la mañana camino al trabajo, con mi pequeña dormida en su cochecito y feliz porque veía una luz al final del túnel.

 

Posteriormente, también Cáritas me ayudó con el primer mes de guardería, con lo cual la pequeña pudo ir a una escuela junto a otros niños. Al poco tiempo, la señora falleció y aun con esta terrible noticia, la familia se comprometió a seguir ayudándome con mi permiso de trabajo en España. Gracias de nuevo a Cáritas de Madrid, inmediatamente conseguí otro trabajo, y ya entre las dos familias hicieron posible que tanto yo como mi pequeña tuviésemos documentación legal en España.

 

En la actualidad estoy a punto de contraer matrimonio, con trabajo, con proyectos en mente e ilusión. Mi niña sigue creciendo sana y feliz en un hogar y es un ejemplo de que todos necesitamos una mano amiga, alguien que en momentos difíciles nos ayude y nos incite a seguir adelante, para poder seguir. No puedo evitar emocionarme al recordar a todas las personas que me han ayudado. Gracias a Cáritas he podido salir adelante.

Espero que sigan con tan bonita labor de ayudar a personas que por una u otra circunstancia, como yo, nos hemos vistos ilegales y que si no fuese por instituciones como ésta nos veríamos perdidos, en la calle y en riesgo de exclusión social.

Quiero terminar este relato con la misma frase con la cual empecé “todos merecemos una segunda oportunidad”.

 

Ilka Pineda V.