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Tercer domingo de Pascua: ¿Me amas?

Lecturas: Hechos 5:27-32, 40-41; Salmo 30:2, 4-6, 11-13; Apocalipsis 5:11-14 Juan 21:1-19

 


Las palabras del Resucitado prenguntándole a Pedro hasta tres veces "¿Me amas?" resuenan a amistad renovada, a confianza que se sostiene en pie, a llamada a seguirle una vez más, a perdón recibido en la humildad.


Cáritas Madrid. 5 de mayo de 2019- Alegres por ser ultrajados por el nombre de Jesús, así se muestran los apóstoles, en la lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles de hoy. Están siendo perseguidos por los jefes del pueblo. No son tan peligrosos como lo era su Maestro, pero hay que hacerlos callar. Sin embargo, las discípulas y los discípulos están propagando cada vez más la historia de Jesús, que no ha terminado con su muerte, al contrario, ha tomado nueva fuerza, porque dicen que ha resucitado de entre los muertos.

 

En el Libro del Apocalipsis se va más allá. No solo las personas humanas, sino la creación entera es la que rinde honor al Cordero: los ángeles y las criaturas todas del cielo, de la tierra y del mar. No hay quien deje de conocer —y de asentir— lo que se le debe otorgar, por lo que es y por lo que ha hecho. También nosotros nos unimos a la palabra final de la doxología, que repetiremos después de la plegaria eucarística: amén.

 

Hoy el evangelio de Juan resulta entrañable. Pedro y los demás vuelven a sus ocupaciones y Jesús vuelve a hacerse presente en sus vidas como antaño. Desde una orilla, con un milagro. Comerá con ellos y les partirá el pan. No importa lo que ha sucedido o quizá sí porque muchas cosas se han purificado. La llamada al seguimiento sigue siendo la misma, pero tamizada por lo visto, lo oído, lo vivido y lo creído. El Salmo es respuesta a la Palabra, es exclamación de Jesús y también nuestra: «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado».


Como cualquier ser humano, Jesús pregunta a su discípulo más cercano sobre el amor y la amistad que este le profesa: ¿Pedro, me amas?, hasta tres veces. Pero Pedro no se siente ofendido, sabe que su amor por el Maestro fue puesto a prueba. El que afirmó dar su vida por la de Jesús, acabó negándolo. ¿Qué pasó aquella noche? Pedro no quiere ni recordarla, las palabras del Resucitado resuenan a amistad renovada, a confianza que se sostiene en pie, a llamada a seguirle una vez más, a perdón recibido en la humildad.

¿Pedro, me amas? Y el encargo dado, la vida plena de sentido, las palabras

que se convierten en realidad: te haré pescador de hombres. Ahora toca apacentar el rebaño, mantener firme la fe y la esperanza, afianzar la enseñanza, caminar hacia la misión encomendada. ¿Pedro, me amas? Claro que sí, Señor, y gracias por seguir confiando que soy roca sobre la que se puede construir, que, a pesar de las tempestades, los fracasos, las persecuciones, se mantiene en pie, por el gran amor que tiene a Aquel que él ama.