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Tercer domingo de Pascua: En el camino a Emaús

En este Tercer Domingo de Pascua el Evangelio nos enseña a hacer una lectura creyente de nuestra vida. (Hch 2, 14.22-23; Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11; Segunda lectura; 1Pe 1, 17-21; Evangelio: Lc 24, 13-35).


Cáritas Madrid. 30 de abril de 2017.- La celebración de hoy nos sitúa ante la pregunta: ¿Cómo alimentar nuestra fe? ¿Cómo ir creciendo en nuestra experiencia del Resucitado?

 

Todo ser vivo, para seguir viviendo, necesita incorporar nutrientes a su cuerpo que le permitan ir cambiando los elementos y estructuras plásticas que forman nuestras células, y le dé la energía suficiente para ir afrontando el desgaste de la vida. Por ello incorporamos en nuestra dieta glúcidos, proteínas, lípidos y ácidos nucleicos.

 

También nuestra vida cristiana, nuestra experiencia de fe, ha de ser alimentada para iluminar la experiencias que vivimos con nuevas luces, para ir afrontando los nuevos retos que nos pide la via y el Señor, para ir creando esa red de relaciones que nos configura y llamamos fraternidad-sororidad. El pan y la Palabra alimentan nuestra vida cristiana. Ellos van haciendo que nuestra fe vaya creciendo, armonizándose con nuestra experiencia vital. Es en la comunidad cristiana donde compartimos y repartimos estos dones.

 

En esta mañana, como en aquella tarde de Emaús, decimos:

 

Señor,
también yo marcho hoy por la vida
como los discípulos de Emaús:
pensando que mi vida no tiene sentido,
creyendo que en la vida todo es negro,
incapaz de ver con mis ojos
la claridad del día y las estrellas de la noche.

 

Señor,
Yo, y otros muchos como yo,
tenemos la tentación de creer
que el dolor es más fuerte que la vida.
Yo, y otros muchos como yo,
nos decimos que esto no tiene salida,
que no hay quién lo arregle,
que nos hemos hechos demasiadas ilusiones,
y la realidad es muy distinta…

 

Señor,
yo, y otros muchos como yo,
creemos que nos has abandonado
y nos vamos, cabizbajos, de retirada:
“porque ya no hay nada que hacer,
porque ya todo está perdido…”

 

Señor,
¿no podrías salir hoy al camino
y pasear conmigo?
¿no podrías levantar mi esperanza
de este suelo rastrero
por donde camino?
¿no podrías quedarte a comer
y calentar mi corazón frío?

 

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