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"Si no puedo ayudar, al menos que no se sientan solos"

Nos entrevistamos con Arancha, trabajadora social de Cáritas Diocesana, que lleva ejerciendo su profesión en la Institución desde hace 15 años.


Desde hace cuatro, la encontramos en la Acogida Social de la central de Cáritas Madrid. Todas las mañanas abre su despacho y su corazón a todos aquellos que se acercan a solicitar algún tipo de ayuda.


Cáritas Madrid. 18 de agosto de 2018.- Con una gran experiencia en diferentes centros y proyectos de Cáritas, la labor que desarrolla ahora Arancha es recibir y atender a todas aquellas personas que vienen buscando información, orientación, asesoramiento o ayuda.


Ella recibe la demanda, los escucha, realiza una valoración y si procede, lo deriva a su Cáritas Parroquial de referencia. También orienta sobre recursos ajenos a Cáritas, del Ayuntamiento, la Comunidad o entidades sociales, con los que trabajamos en red y coordinadamente.


De esta manera, las personas tienen más posibilidad de recibir una respuesta adecuada y cercana a su demanda, ya que las parroquias conocen de primera mano la realidad y los recursos de sus barrios y saben las necesidades que existen en ellos. “Por eso, es muy importante no saltarse a las parroquias” –nos dice Arancha-.


Arancha también es responsable de dar respuesta a los correos, con una demanda social, que llegan a través del formulario de nuestra web, de nuestro aplicativo online “Te podemos ayudar” o solicitudes de las redes sociales. Y atiende las quejas y reclamaciones, es decir, es la cara visible de la Institución. Mucho del trabajo que desarrolla es de mediación entre las parroquias, las personas y nuestra red de atención.


¿Qué diferencia hay entre el trabajo que desarrollas aquí y el trabajo que se desarrolla en los proyectos o centros?

Este servicio está abierto a todo y a todas las personas, no sabes qué te va a venir, puedo atender familias o personas en exclusión, dar orientación sobre algún trámite o informar sobre algún recurso, en este puesto has de ser muy ágil en la respuesta y no eres dueña de tu tiempo, además de que tienes muchos frentes abiertos. Aquí la respuesta es inmediata, no siendo objeto de este puesto una intervención continuada, salvo algún caso muy extremo en el que haya tenido que contactar directamente con la Cáritas Parroquial o que no exista espacio de referencia.


En estos años te has encontrado algún caso que te haya resultado realmente duro o triste.

Todas las personas plantean situaciones difíciles, pero dos de manera muy especial me afectaron: una persona a la que se trató de ayudar tenía un problema de salud mental y era prácticamente imposible hacer nada porque no admitía su enfermedad. Aunque hubo mucha coordinación con los servicios sociales y con los recursos propios de Cáritas.


Y el segundo me dio mucha pena, era un chico del Este, al que se le había conseguido plaza en el Centro Residencial Sínodo 2005 de Cáritas Diocesana, tenía trabajo, estaba superando una adicción al alcohol y, finalmente, al cabo de mucho tiempo y con todo encarrilado, volvió a caer. Y fue muy duro.


Y, por el contrario, cuéntanos algún caso que te hayas encontrado que haya sido realmente gratificante y te hayas quedado con un buen sabor de boca.

Había una familia de Argentina que estaba en situación de calle con un menor, se les consiguió plaza en el Centro Residencial JMJ 2011, se consiguió regularizar la situación de todos, un empleo y, al final, que salieran adelante.


Y también recuerdo ahora a otro señor con muchas dificultades, pero ahora está bien y cobrando una pensión no contributiva.


¿Cómo consigues desconectar de toda la necesidad que ves cada día y no llevarte tanto problema a casa?

-Arancha sonríe- pues supongo que gracias a mi familia y a nuestra propia realidad no puedo pensarlo tanto. Si es verdad que, en semanas muy duras, de muchas quejas o de casos muy difíciles te quedas tocadilla, pero cuando llego a casa con mi familia, consigo desconectar.


Pero sí quiero resaltar que este trabajo me recuerda todos los días lo afortunada que soy, tengo mi familia, unos hijos estupendos, un trabajo que me gusta. Eso es lo que me transmite mi trabajo cada día, me pone los pies en la tierra.


Qué destacarías de este trabajo o qué te gustaría cambiar

No sé, a mí me gusta este trabajo, he aprendido mucho y, de hecho, sigo haciéndolo todos los días: en recursos, en el trato con la gente porque, aunque no les des una solución inmediata, lo comprenden y se sienten agradecidos por sentirse escuchados, y eso es lo más reconfortante.


Yo no acepto regalos, lógicamente, pero la gente se siente tan agradecida solo por escucharlos que mira lo que me trajo un señor después de atenderle, esta tarjeta con esta nota tan amable, me gusto mucho, me llegó al corazón y estos gestos son los que merecen la pena.


Si no puedo ayudar al menos que no se sientan solos, que se sientan escuchados, que son personas. El problema es que muchas veces vienen rebotados de un sitio, de otro y sienten que no les importan a nadie y, cuando los escuchas, les dedicas unos minutos, notas lo agradecidos que están y ellos te lo hacen sentir, que es lo más gratificante.


Y si tuviera que cambiar algo sería el poder organizarme mejor, no ser dueña de mi tiempo me trae loca. Yo cambiaría para no tener esa sensación de angustia, de que no llego a hacer cosas que querría hacer.


Para concluir, ya que me habéis brindado esta oportunidad de contar lo que hago, solo quería reforzar que la labor que aquí se realiza es de primera atención y que mi función, en la mayoría de los casos, es realizar derivaciones a los territorios de referencia para una atención cercana y continuada. Y, en segundo caso, de contención y mediación en situaciones de reclamación y conflicto entre beneficiarios, parroquias y vicarías. Por estos dos motivos, recibirán llamadas mías tanto en vicaria como en las Cáritas Parroquiales con la intención de informar, derivar y mediar. Solo eso, ¡gracias!