Santa Hortensia, 1-B - Teléfono: 91 548 95 80     caritasmadrid@caritasmadrid.org

Sentirse voluntario se transmite

Homenaje a Remigio Bris, más de 25 años colaborando como voluntario, en la calle del León de Cáritas Vicaría III.

 

Cáritas Madrid. 12 de enero de 2018.

-El voluntariado se transmite; se hereda de unos voluntarios a otros. Es el caso de Remigio Bris

Caballero, al que se le acaba de rendir un homenaje en Cáritas por sus más de 25 años colaborando en la Vicaria III como voluntario. Remigio que cuenta 91 años de edad trabajó como voluntario en la calle del León hasta hace unos meses. Pero, además, su trayectoria tiene una continuidad, ya que de su mano hace unos cuantos años, Remigio trajo a su buen amigo Enrique  (Madrid, 68 años) que actualmente le ha sustituido en buena parte de las tareas que él realizó durante mucho tiempo.


Cuando Remigio empezó a colaborar en Cáritas, siempre en la calle de León, en España se iniciaba el reinado deportivo de un gran ciclista: Miguel Induráin. Eran los años noventa. Primero, Remigio ayudó en la parroquia de san Nicolás; y fue desde allí desde donde saltó a su trabajo en Cáritas. El aún trabajaba en su imprenta de la calle Tres Peces, no demasiado lejos de donde vivía hasta hace apenas un año, al trasladarse a una residencia en el barrio de Pacífico. “Nací en la calle Ruiz, en Malasaña”, recuerda Remigio, “en una familia de cinco hermanos”. El ha sido un poco corredor de fondo en veinticinco años de voluntariado.


Si se le pregunta, ¿quién es tu mejor amigo?, Remigio contesta directamente que:“Enrique”. Y es que Enrique, voluntario de la mano de Remigio, le ha sustituido de alguna manera en algunas de las actividades de Cáritas en la calle de León. “Para mí, Remigio es un amigo y compañero. El me ayudó a superar problemas hace años. Y no exagero si digo que, además de ser también el mejor amigo, él ha significado un padre para mí”.


Ambos reconocen que la forma de trabajar, especialmente en el Servicio de Orientación e Información para el Empleo, SOIE, ha evolucionado en los últimos años. Antes, recuerda Remigio con la ayuda de Enrique, a las personas atendidas se les facilitaba un número para ser atendidos dentro de los diferentes servicios que presta la vicaría en la calle de León. Y reconocen que muchas de estas personas venían a Cáritas “a pasar la mañana”. Ahora las prestaciones a los usuarios están más informatizadas, aunque no ha cambiado sustancialmente la pregunta inicial de cualquier persona en riesgo de exclusión: ¿”Aquí dan trabajo?”.


En el último y ya famoso cocido de la calle de León, en diciembre pasado, Remigio Bris recibió una placa de agradecimiento por parte de los profesionales y voluntarios de la vicaría. En ese diploma de Cáritas, firmado por los responsables de la Vicaría III, que se lee el reconocimiento por su “generosidad, entrega desinteresada en ayuda a los demás”. Y no es un eufemismo que Remigio lo leyese sino que aún con su edad sigue teniendo una vista que no precisa gafas ni para leer el periódico. “Le operaron de cataratas y mira cómo está”, señala Enrique. Esa, la operación de cataratas, es también algo que les une. Una mera coincidencia en un tándem de voluntarios bien avenidos.