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Residencia de Cáritas Madrid: un verdadero hogar para los mayores
La Residencia de Personas Mayores de Cáritas Diocesana, Fundación Santa Lucía, forma parte del programa destinado a personas mayores que la organización tiene en Madrid. Ubicada desde hace trece años en el distrito de Moratalaz, el centro tiene capacidad para 70 personas, todas ellas internas, con mayor o menor grado de autonomía, y que aunque han llegado a la residencia por distintas vías, tienen en común el contar con escasos recursos económicos y apoyos sociales y familiares.



Cáritas Madrid.- El centro cuenta con cuatro plantas, cada una de ellas pintada de un único color para favorecer la orientación de los residentes, y múltiples servicios ofrecidos por un total de 43 trabajadores. Además, en su ambiente, caracterizado por colores vivos y vistosos muebles que han llegado a través de donaciones, rápidamente se diluye el concepto frío que algunas personas relacionan con las residencias de ancianos. La tercera planta, pintada en color salmón, y la cuarta, en verde, están destinadas a aquellos internos válidos con un nivel de autonomía suficiente como para realizar sus actividades cotidianas como comer, levantarse de la cama o incluso ducharse. Dichas plantas cuentan con diferentes tipos de habitaciones: individuales, dobles o incluso de matrimonio, ya que en la residencia convive una pareja.

 

Por su parte, la segunda planta alberga a personas no autónomas, que o bien están encamadas o necesitan asistencia las veinticuatro horas del día, por lo que están permanentemente atendidas por dos auxiliares y una enfermera.

 

La primera planta, en la que suelen pasar la mayor parte del tiempo los residentes válidos, cuenta con recepción, cocina, salón, capilla y una sala de uso común que los internos utilizan para realizar algunas de las actividades diarias con las que cuenta la residencia, ver la televisión o recibir las visitas de sus familiares.

 

Charo, la directora de la Residencia de Personas Mayores de Cáritas Madrid, cuenta que aunque el componente rutinario es importante para favorecer la orientación de los residentes, el día a día también ofrece múltiples servicios y posibilidades que hacen su estancia agradable, cómoda y amena. “La mañana está centrada en actividades para estimular y favorecer su salud: ir al gimnasio, al fisioterapeuta, a la consulta del médico o al podólogo. El gimnasio es obligatorio para todos los internos válidos. Si solamente pueden mover un dedo, vienen y mueven ese dedo. En cambio, la tarde está destinada a las actividades lúdicas. Cada día de la semana hay una actividad: bingo, bolos, petanca, baile, juegos de mesa, dibujo... Además, celebramos cumpleaños y, en fechas especiales, como Navidad, son los mismos internos los que hacen regalos para los voluntarios, como broches o pulseras”.

 

Una vez en la puerta de salida, se puede observar un jardín con bancos y zonas verdes al que los internos salen a pasear o recibir las visitas de sus familiares cada vez que el tiempo se lo permite, especialmente en los meses más cálidos. Una de las personas que más orgullosa se siente al ver el exterior de la residencia es Antonio, que forma parte de los 41 voluntarios que colaboran con el centro.

 

Aunque Antonio, que ahora tiene setenta y ocho años, comenzó su implicación con la residencia saliendo a pasear con los internos, pronto se fue involucrando en el resto de actividades. Sin embargo, de lo que más se enorgullece es de haber pintado él solo todo el exterior de la residencia en cinco meses, en jornadas de aproximadamente tres horas cada día. “Para mí ha sido como volver a mi juventud. Me dediqué a la pintura hasta los veinticinco años y desde entonces no había hecho nada tan grande. Ahora ni siquiera he necesitado ayuda para subirme con la escalera a las paredes más altas”.

 

Al igual que otros muchos voluntarios que colaboran con la organización, la implicación de Antonio con Cáritas comenzó poco después de jubilarse, hace trece años. “Cuando me jubilé en el año 2001 me di cuenta de que podía caer en una depresión, ya que yo estaba acostumbrado a tener mucha actividad. Entonces hablé con un amigo que era voluntario y me recomendó la experiencia. Contacté con la Vicaría III de Cáritas y ahora soy yo el que recomiendo a todo el mundo la experiencia. Es algo que te ayuda a mantenerte mejor a estas edades y, además de ser un beneficio para ti,estás ayudando a personas que no están tanbien como tú”.