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Quinto domingo de Pascua: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros"

Lecturas del día: Hechos 14:21-27. Sal 145:8-13. Apocalipsis 21:1-5. Juan 13:31-33, 34-35.

 

El Señor se despide de sus discípulos, pero antes les da un mandamiento nuevo, que les permite vivir unidos a Él: amarse unos a otros, amor mutuo, como Él amó. El amor de unos para con otros hace nuevas todas las cosas, las hace santas y fecundas para esa nueva creación.

 

Cáritas Madrid. 19 de mayo 2019- El Señor actúa en nuestro mundo a través de nosotros. La misteriosa presencia  del Dios que ama y salva se realiza por las manos, por las bocas, por los sufrimientos y por las caricias, los sentimientos y las ternuras que sabemos dar y ofrecer a los que nos rodean. La primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta la actividad frenética de Pablo y Bernabé al servicio de las Iglesias. Un continuo movimiento, con muchos sinsabores y persecuciones —además de la incomodidad— para ofrecer el aliento de la fe, en el acompañamiento a los hermanos. Pero están agradecidos por lo que hace el Señor «por medio de ellos».

 

También en el evangelio de Juan, en que se nos recuerda la última cena pascual de Jesús con sus discípulos, se nos habla del mandamiento que les ofreció: amar hasta la entrega: unos a otros, como yo. Es la plenitud del amor, justo antes de su autodonación. Nos invita el Señor a hacer lo mismo para ser testigos de lo que Él ha hecho y hace por toda persona humana: y no de palabra o en teoría, sino con unas entrañas que se conmuevan, actúen y se comprometan. Ese camino terminará con la última palabra de Dios al final de los tiempos. El Libro del Apocalipsis, que es proclamado en la segunda lectura, nos menciona hacia dónde nos dirigimos: un cielo nuevo y una tierra nueva. El Señor hace nuevas todas las cosas… y las hace bien. El Señor cambiará nuestro luto en danza. El Señor nos hará habitar en la Ciudad Santa. El amor de Dios, el amor entre nosotras y nosotros, la esperanza de una vida distinta sin sufrimiento ni dolor, lo anticipamos de manera litúrgica en nuestra asamblea dominical. Aquí podemos vivir en ese otro mundo posible. La Palabra nos prepara para poder experimentarlo, escuchemos con alegría.