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Otra forma de acompañar a las personas

El Centro Residencial "Sínodo 2005" nos acerca cómo acomapañan a las familias residentes, que no sólo se hacen desde un despacho, sino en el encuentro con las personas.

 

Cáritas Madrid. 28 de abril de 2017.- En la intervención social siempre hemos tenido mesas que, además de ejercer una función meramente práctica como mobiliario, suponen una separación física y emocional para las personas que se sentaban frente a ella. Esta barrera impone involuntariamente una relación desigual y vertical en ocasiones desagradable y que en poco favorece a la necesaria creación de vínculos con las personas que atendemos. A un lado de la mesa una persona expone sus circunstancias y frente a ella, otra persona es quien recibe esa información y tras valorarla, actúa según su criterio profesional. Frío, distante, asistencial.


¿Por qué no cambiar eso? El acompañamiento social no es simplemente la labor de proporcionar respuesta a demandas concretas, enlatadas en un despacho y carentes de esa comprensión necesaria para entender las circunstancias que las rodean. Es mucho más, significa conocer los sentimientos que se producen en cada persona, en cada familia, sensaciones de alegría, euforia, tristeza, angustia, rabia... las cuales no tienen que producirse por los mismos motivos por los que nos llegarían a nosotros, pero que igualmente marcan a las personas y su comportamiento.


Volvamos a las mesas, hay una forma simple y natural de emplear estos objetos para acompañar a las personas con las que trabajamos, un uso amable que, lejos de separar a los que se sientan frente a ellas, sirve para unir lazos y aumentar la confianza entre ellos, algo tan sencillo como comer en ellas.

Todos comemos, todos nos sentimos orgullosos de nuestra gastronomía y a todos nos gusta tener invitados a nuestra mesa para compartir nuestra cocina. ¿Qué mejor momento para hablar de nuestras cosas que durante un buen almuerzo? La comida nos une, la comida nos iguala, la comida nos hace felices.

Seguro que hay momentos en los que la formalidad de un despacho es necesaria para alcanzar determinados objetivos, pero no desaprovechemos los espacios no destinados a tales formalismos y compartamos desayunos, comidas o meriendas con las personas con las que tenemos el placer de trabajar, ellos se mostrarán más auténticos, nosotros haremos de nuestra labor algo más agradable si cabe y conseguiremos hacer desaparecer poco a poco esas barreras que nos separan.