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Natalia Peiro reclama en Roma «propuestas constructivas para impulsar modelos sociales equitativos y justos»

Cáritas Madrid. 6 de febrero de 2018.- La secretaria general de Cáritas Española, Natalia Peiro, ha intervenido esta mañana en la Sala de Prensa de la Santa Sede, junto al cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en la rueda de prensa de presentación del Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2018.


Además del cardenal prefecto y la secretaria general de Cáritas Española, en el acto han intervenido también monseñor Bruno Marie Duffé, secretario del citado Dicasterio, así como un representante del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.


En su comparecencia, Natalia Peiro ha reclamado el compromiso de todos para hacer posibles “respuestas cercanas, rápidas, eficaces y de calidad, que caminen de la mano de propuestas constructivas para impulsar unos modelos sociales realmente equitativos y justos”.


Este es el contenido íntegro de su intervención:

 

PRESENTACIÓN del Mensaje del Santo Padre
para la Cuaresma 2018
Sala de Prensa de la Santa Sede
Martes, 6 de febrero de 2018 - 11 horas

 

Intervención de Natalia Peiro,
secretaria general de Cáritas Española

 

Eminencias, señoras y señores, queridos amigos.

 

Buenos días.


Traigo a esta mesa la voz de los 85.000 voluntarios de Cáritas Española cuyas manos son el instrumento palpable de esa naturaleza de nuestra misión a la que nuestro querido papa Francisco ha descrito como la caricia de la Iglesia a todos los descartados.


Y traigo, también, el clamor de las personas que acompañamos, que son ejemplo de tenacidad y portadores de propuestas para cambiar el mundo.

 

Como ven, no es menor el empeño. Disculpen, por ello, mi atrevimiento por intentar convertirme en portavoz de todos ellos, que son el rostro real, unos, de la entrega gratuita a favor de la dignidad de los empobrecidos y, otros, de la valentía a la hora de enfrentarse a las dificultades y reclamar la protección de sus derechos vulnerados.


Lo hago con el objetivo  de traer a este acto, convocado en torno al inspirador Mensaje de la Cuaresma del Santo Padre, el testimonio real, aunque siempre anónimo, de la caridad, de ese amor que, en palabras del apóstol Pablo, “no pasa nunca, es paciente y muestra comprensión, no busca su propio interés ni se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad”.


Cáritas, sus voluntarios y voluntarias, todos sus trabajadores y participantes, es la expresión de ese gozo en la verdad de quien lucha contra la injusticia y se rebela contra la desigualdad.


Como nos recuerda el Santo Padre, la Cuaresma es un tiempo litúrgico especialmente propicio para reflexionar y purificar, en el seno de cada comunidad cristiana y el corazón de cada creyente, la primacía de la caridad en la vida de la Iglesia.


Nuestra confederación internacional, integrada por 165 Cáritas nacionales con presencia activa en más de 200 territorios en todo el mundo, da testimonio de cuál es la dimensión universal de esa diakonía y de cómo la verdadera prioridad del anuncio de la Buena Nueva pasa por compartir los gozos y las alegrías, las sombras y las incertidumbres de todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo.


Nuestra visión bebe de las fuentes que brotan del anuncio del Evangelio de los pobres y de nuestro compromiso indisociable con la acción y la propuesta. Hablamos de un compromiso que pasa por vincular, como el dorso y el envés de una mano, la oración y la acción. Sin esta dimensión dual no sería posible impulsar una labor transformadora que logre poner a las personas en el centro.


En Cáritas Española nos gusta decir que somos un corazón que ve, que late a través del compromiso de nuestros agentes en las periferias donde la precariedad muerde con más fuerza.


Esos son los territorios donde la Doctrina Social de la Iglesia nos demanda la opción prioritaria por los más desfavorecidos y la búsqueda de sus interrelaciones:

 

- el drama de la movilidad humana;

 

- el escándalo de la trata de personas;

 

- los efectos de la sostenibilidad medioambiental y el cuidado de la Creación en los derechos de las comunidades más vulnerables;

 

- la lacra de la violencia contra mujeres, ancianos y niños;

 

- la precariedad laboral;

 

- o la falta de unos recursos mínimos para que una buen aparte de la Humanidad pueda satisfacer con dignidad las necesidades básicas, mientras aumenta la escandalosa acumulación de riqueza en manos de una exigua minoría.

 


Para Cáritas, nada de lo humano nos puede resultar ajeno, porque en el rostro de cada hermano se manifiesta el rostro de Dios. Esa convicción late en nuestra campaña institucional de este año, que hemos convocado bajo el lema “Tu compromiso mejora el mundo”.


Es un mensaje que supone exigencia y diligencia. Es decir, respuestas cercanas, rápidas, eficaces y de calidad, que caminen de la mano de propuestas constructivas para impulsar unos modelos sociales realmente equitativos y justos que, en definitiva, redunden en la construcción de un modelo de desarrollo que alimente ese anhelo universal de paz que, como propugnaba Juan XXIII, “ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad”.


El tiempo litúrgico de Cuaresma nos ofrece, con esa invitación al ayuno y la oración, una nueva oportunidad de introspección sobre cuál es nuestro grado de compromiso con el otro, en especial con el que se encuentra en mayor dificultad.


Es un tiempo litúrgico apropiado para el reconocimiento sincero sobre cuál es nuestra aportación al bien común y a la construcción del Reino. Es una buena ocasión para ejercitar un rebajamiento del ego, del yo, para diluirlo en ese territorio grande y amplio del nosotros que pasa por reconocer en el otro la presencia real de Cristo.


Como decía Miguel de Cervantes, “nadie es más que otro si no hace más que otros”.


Cáritas, que se conjuga en femenino, como la caridad y como la Iglesia, Madre y Maestra, es una propuesta para intentar hacerlo todo por los otros, para amar y acariciar al hermano necesitado. Es la caricia samaritana que auxilia al doliente en los márgenes del camino, sin preguntar por su origen, su identidad o su condición.


Espero que mi voz haya servido para transmitir el testimonio de todos esos a quienes señalaba al principio: los millones de personas anónimas que entregan lo mejor de sí mismos y los pobres que nos evangelizan. Todos ellos son los  que proclaman al mundo que «ubi caritas et amor est, ibi Deus est», allí donde está la caridad, se encuentra Dios.


Muchas gracias.