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Mucho más que un albergue, un hogar que cuida y restaura

Visita de los responsables de Voluntariado de Vicaría II al centro de personas sin hogar de Cáritas Madrid.

 

Cáritas Madrid. 7 de marzo de 2018.-

No es un albergue. Es un centro de información y acogida día y noche (CEDIA) para personas en exclusión por situación de calle. Así nos empezó a contar Manolo, voluntario del centro al equipo de voluntarios de Cáritas Vicaría II que se encargan de entrevistar a nuevos voluntarios y derivarles a las necesidades  de voluntariado que hay en la red de Cáritas, por ello el objetivo de la visita era conocer in situ este centro y así derivar lo mejor posible a futuros voluntarios que quieran realizar su compromiso allí.


Tanto Manolo como los técnicos Carlos y Raúl nos acompañaron por las diversas instalaciones y nos expusieron sus tareas y dificultades en el día a día del centro. Este recurso de Cáritas cuenta con unos 70 voluntarios que atienden a unas 1.400 personas al año, en donde crecen los jóvenes y las mujeres acogidas.


Además de darles “calorcito humano”, tratarles por su nombre, escucharles en lo que narran (todo ello muy sanador para estas personas invisibles en la calle), se les ofrece un espacio de encuentro donde se nos encontramos servicios de información y asesoramiento, atención psicológica, un proyecto de intervención personal, servicios básicos de desayuno, higiene y comedor, lavandería y plancha, descanso en sala, etc.


Se realizan talleres ocupacionales programados y actividades abiertas como salidas a museos, piscina en verano… nos encontramos 40-45 plazas para dormir por la noche.


Las posibles salidas son una pensión, un recurso habitacional o residencial, un albergue…Todo desde una actitud de flexibilidad como distintivo del centro en donde siempre hay gente llamando a la puerta.


Nos llamó la atención que las propias personas atendidas participan en la mejora del centro a través de las asambleas de los martes, que junto a educadores y voluntarios programan y evalúan todo lo que allí ocurre para su mejora y cuidado.


Los compañeros nos manifestaron las dificultades a futuro: se prevé un mayor aumento de las necesidades debido a la inmigración, la situación de las personas refugiadas, el paro y la creciente precariedad laboral (los llamados “trabajadores pobres”).


Una pregunta a pensar y dialogar: para los procesos que son largos y ya no son de emergencia, ¿qué pasos se pueden ir dando para romper y salir del círculo de la pobreza y la exclusión? Pues la persona sin hogar acaba atrapada en este círculo y a veces a pesar de cubrir necesidades y facilitar recursos, no se terminan de romper los grilletes de la temida exclusión. Un reto sin duda para hacer frente al sinhogarismo, espejo de la sociedad que descarta y desecha.