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Lo maravilloso de lo imprevisto. Un fin de semana en Braojos

Usuarios, voluntarios y educadores de la residencia de Nuestra Señora de Valvanera disfrutan de un fin de semana de convivencia, a pesar de los imprevistos surgidos.

 

Cáritas Madrid. 19 de julio de 2016.- La residencia de Nuestra Señora de Valvanera pasó un fin de semana en Braojos de la Sierra. Nos acompañaron los voluntarios que vienen los domingos, ya que ellos también tenían ganas de compartir su tiempo fuera del centro.


La organización estaba controlada, pero los imprevistos no. Empezamos improvisando y terminamos de la misma manera.


Empezamos con un tornillito clavado en la rueda de una de las furgonetas cuando ésta estaba ya cargada. Tras resoplar y buscar un taller abierto (búsqueda infructuosa, ya que los talleres de Vallecas abren de lunes a viernes y era sábado a las 10 de la mañana) decidimos subir todos los coches de los que disponíamos.


Llegamos a Buitrago de Lozoya al mediodía tras comernos el atasco de la A1 típico del período vacacional. La idea era ir a las piscinas naturales del lugar. Pero tuvimos que desistir. ¡Había atasco en la carreterilla comarcal que lleva a las piscinas!!!!! Allí estaba la Benemérita controlando la situación y el tráfico.


Improvisamos una ruta por Buitrago, que es un pueblo precioso, pero que en julio al mediodía es casi tan inaguantable como Madrid. Tras subir las murallas y sudar como pollos nos tomamos el aperitivo en una de las terrazas.


A la hora de buscar una alternativa, ya que necesitábamos estar en un sitio fresquito, las personas que llevan la casa parroquial nos aconsejaron ir a la piscina de Mangirón, un pueblo cercano que tiene una piscina municipal muy familiar. Antes de entrar comimos en un parque aledaño a la piscina. De menú: vasito de gazpacho bien fresquito y bocata de tortilla, que como en el campo, no sabe en ningún sitio.


La tarde fue tranquila entre baños de agua fresquita (eso cuentan los que se animaron a remojarse) y tiradas de canasta en las canchas de baloncesto.


Al caer la tarde fuimos a Braojos, destino final de nuestro periplo. Allí nos recibió Almudena con bebidas fresquitas que nos habían dejado el grupo anterior con intención, ya que el día había sido “calentito”.


La casa era muy amplia. Pudimos reubicar a todos los huéspedes en las camas bajas de las literas. De esta manera evitamos las escaladas a las literas de arriba y minimizamos riesgos (¡con el día que llevábamos!).


La cenita fue en el patio de la casa. ¡Una gozada! Del calor del día pasamos al fresquito de rebequita de la sierra madrileña. Y como si nos hubiésemos retrotraído unos años y ambientados como estábamos en un pueblecito, se cumplió con lo mandado: las mujeres nos quedamos de cháchara en el patio y los hombres se fueron al bar a ver el fútbol (es lo que tiene la Eurocopa).


La noche fue tranquila. Y por lo general la tendencia fue el madrugueo. Se entiende porque la temperatura ayudó a conciliar el sueño y con ello el descanso.


Por la mañana cargamos las pilas con los bizcochos de naranja y manzana que se había currado una voluntaria para el desayuno.


Recogida la casa y todos organizados emprendimos el regreso a los "madriles", a seguir pasando calorina.


El resto del día fue más rutinario: menú de verano y cafetito con los voluntarios donde hubo la repetición de las mejores jugadas.


En general gustó la salida, a pesar del esfuerzo que les supone a algunas personas con las que trabajamos salir de las rutinas cotidianas. Hubo muy buen ambiente y predisposición a la colaboración.


Tras la experiencia, avatares y demás es altamente recomendable salir del entorno conocido y disfrutar con las personas que viven en Valvanera, voluntarios y educadores en ambientes diferentes y situaciones nuevas, para algunos de ellos.


El fin de semana fue genial gracias al esfuerzo que supuso para cada uno de los implicados, en especial de los voluntarios, que de manera incondicional decidieron dedicar un fin de semana a los demás. Estuvieron dispuestos en todo momento. Sin su ayuda hubiese sido muy complicado gestionar una salida así. Y todo ello a cambio de un café.


Residencia "Nuestra Señora de Valvanera":  dirigida a las personas que sufren enfermedad mental grave y duradera y se  encuentran sin hogar. Es un recurso residencial, supervisado, abierto y flexible, que ofrece alojamiento, manutención, apoyo personal y social, rehabilitación psicosocial, apoyo a la integración comunitaria y, en su caso, apoyo y orientación a las familias. Cuenta con 19 plazas.  Es un recurso puente para que los usuarios desarrollen habilidades, hábitos y actitudes que les permitan acceder a recursos y programas más normalizados de la red de salud mental y servicios sociales.