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"Llegué a Madrid con una maleta, dejando atrás muchas cosas, pero con una fe inquebrantable. Decidí trabajar para las personas y para Dios"

 

Francis es voluntaria de Cáritas Madrid en la Vicaría VIII. Su vida dio un giro hace un año cuando se marchó de Venezuela y vino a Madrid. Éste es su testimonio.

 

Cáritas Madrid. 13 de febrero de 2020.-  En diciembre del 2018, tomé la decisión de irme de mi país Venezuela, en búsqueda de mejores oportunidades, debido al deterioro económico, social y político, que vulnera los derechos humanos. Llegué a Madrid, junto con mi esposo, hija y yerno, el 24 de febrero del 2019, con una maleta, dejando atrás a la familia, amigos, casa, carros y muchas cosas más que me encogieron el corazón, pero con una fe inquebrantable de que todo iba a salir bien. 

 

Me encontré con un país organizado, gente muy amable, cálida y honesta. Me sentí en paz. Quise hacer un cambio total en mi vida. Anteriormente, yo trabajaba muchísimo, no tenía tiempo para mi familia, ni para mí misma. Por lo que decidí no trabajar más para empresas, sino para la humanidad y para Dios, para así cumplir con mi propósito de vida, por lo que contacté a Cáritas para ofrecerme como voluntaria.   

 

Finalmente, mi destino en Caritas es el equipo de Sensibilización Externa de Vicaría VIII en el que nos dedicamos a trabajar, fundamentalmente con chicos y chicas, en centros escolares con la misión de hacerles descubrir las realidades de otras personas que viven junto a ellos y la labor que Cáritas desarrolla para acompañarles.  

 

Fui al Colegio La Salle, junto con dos compañeros, Antonio y Modesto, quienes fueron mis mentores en este primer día de voluntariado. Quedé gratamente sorprendida y agradada por las dinámicas realizadas, por su profesionalidad y fluidez. Tratamos el tema de los refugiados, no por casualidad sino por causalidad, y me vi reflejada totalmente, con todos los puntos tratados. Tuve la oportunidad de compartir mi historia con los chicos ya que, finalmente, di mi testimonio.Fue una experiencia enriquecedora. 

 

Un año después de tomar la decisión de marcharme de mi país mi vida ha dado un giro. Agradezco a Cáritas el haberme brindado la oportunidad de servir en su plan de sensibilización y me comprometo a promover el empoderamiento y el desarrollo integral de las personas. Por último, le doy gracias a Dios por haber interrumpido mi vida, al tener que venirme como asilada a España. Doy gracias por mi destino y gracias por los propósitos para los cuales Él me creó.