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La resiliencia del Caracol

"A diferencia de los caracoles, nosotros sabemos que, como cada Domingo de Resurrección, la vida siempre vence a la muerte".


Cáritas Madrid. 30 de marzo de 2020.- Planta -1 del edificio de Santa Hortensia, escaleras. En la parte exterior del ventanal hay una pequeña mancha. O eso parece ser. Si no acercamos a verla, podemos comprobar que no es una mancha, sino un pequeño caracol que se ha quedado ahí, pegado.


A principios del siglo XX, en el Museo de Historia Natural de Londres pasó una cosa muy curiosa. Un conservador estaba limpiando una vitrina con ejemplares de caracoles, y se le derramó un poco de agua. El agua cayó sobre las muestras. Hasta aquí nada anormal. Lo que no estaba en el guion era que uno de los ejemplares, supuestamente muerto, saliera de su caparazón y se pusiera a moverse. Despacio, tortuosamente, como se mueven los caracoles, pero se movía.


Resulta que los caracoles, cuando las condiciones externas no garantizan unos mínimos vitales, pueden prácticamente parar su metabolismo, al tiempo que segregan una sustancia que les aísla del exterior. Así, esperando a que venga épocas mejores, pueden estar años.


Vivimos una situación que tiene precedentes en la Historia de España. Las epidemias de cólera, tifus, viruela, gripe… eran comunes hasta los años sesenta del siglo pasado. Desde entonces, con la mejora general del nivel de vida y el arranque de nuestro sistema sanitario público, se redujeron o desaparecieron los brotes epidémicos. Aún así, para nosotros, esta situación que vivimos es nueva.


Siguiendo las indicaciones de las autoridades, hemos suspendido reuniones y actividades, cerrado centros, comenzado a teletrabajar… Como los caracoles en tiempo de tribulación, hemos disminuido nuestro metabolismo institucional. Pero los caracoles sólo pueden parar, segregar una membrana que les separe del exterior y esperar. Nosotros podemos hacer mucho más. Podemos orar, especialmente por los que mueren, por lo que enferman, por los que afrontan esta situación en soledad o siguen viviendo en la calle. Podemos ensayar nuevas formas de trabajar y de comunicarnos entre nosotras. Podemos aprovechar para reflexionar sobre nuestra labor, para ver si nuestra respuesta como institución se adapta a nuevas realidades y problemáticas. Podemos aprender y crecer con esta coyuntura. Ser resilientes, individualmente y como institución.


Y, a diferencia de los caracoles, nosotros sabemos que, como cada Domingo de Resurrección, la vida siempre vence a la muerte.