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La Casa de la Esperanza

La casa de acogida “San Agustín y Santa Mónica” de Cáritas Madrid es un recurso residencial  24h destinados a personas en situación de exclusión que necesitan un apoyo residencial tutelado para recuperarse y realizar parte de su itinerario de reinserción social.


Hoy nos acercamos a conocer el testimonio de un matrimonio que es voluntario de la casa.


Cáritas Madrid. 20 de diciembre de 2014.- Este recurso está apoyado por la comunidad de religiosas de la Congregación Amistad Misionera Cristo Obrero (AMICO) que colabora en el proyecto, siendo fundamental el compromiso y dedicación del voluntariado. Y desde la década de los 90, la Orden de San Agustín apoya muy especialmente su realización.


Mónica y Álvaro, son un matrimonio muy especial y una de las parejas más comprometidas y entregadas que me haya encontrado en mis años en Cáritas Madrid. Los viernes por la tarde se trasladan a la casa y se quedan en ella hasta los sábados por la mañana, conviven con los residentes, cocinan, cenan juntos, charlan, ven una película, en fin, conviven como una familia cualquiera.


Al conocerles haciéndoles esta entrevista me he quedado asombrada del gran corazón que tienen y lo comprometidos que están con este proyecto. Se les ilumina la cara cuando hablan de los residentes, de la casa, del equipo que trabaja allí. Les encanta, les llena profundamente este voluntariado y creo que son afortunados por haberlo encontrado.


¿Cómo conocisteis Cáritas Madrid?

Conocimos Cáritas porque el verano del 2012 queríamos hacer un voluntariado ese verano y no encontrábamos donde colaborar, hasta que un día mi hermana me dijo que una compañera suya estaba en Cáritas y que a lo mejor podíamos hablar con ella. Nos pareció una gran idea y entramos en contacto con voluntariado de Cáritas Madrid y nos contaron mucho de los proyectos que había, miraron donde hacia falta gente en ese momento y caímos en la casa. Nos captó enseguida la gente, la casa, el equipo. Nos encantó.


¿En que consiste vuestro voluntariado?

El proyecto es una casa de acogida para personas en situación de exclusión con perfiles y problemáticas muy diferentes. Nosotros buscábamos cosas donde arrimar el hombro, trabajar. Así que yo me uní directamente a la cocina, a trabajar. Mónica en principio no tenia una función definida pero como es muy cercana ella esta mucho con la gente. Desde el primer momento nos ofrecimos para quedarnos a dormir, no tenemos hijos y disponemos de ese tiempo para poder ofrecerlo a la casa, además es una de las mayores necesidades que hay, voluntarios que se queden a dormir, básicamente para estar con los residentes. La labor es básicamente estar allí para darles tu compañía y relacionarte con ellos, ser uno más en quien pueden confiar y que les va a ayudar en todo lo que este en nuestra mano, desde ayudarles a hacer un curriculum hasta darles un rato de charla por un problema que tienen y no quieren contar a nadie más.


Las noches son más sensación de familia y nosotros tenemos la responsabilidad de estar en la casa, si pasa algo, solucionar problemas que surjan y demás.


En principio entramos en el voluntariado par a15 días pero poco a poco nos fuimos enganchando y cuando pasó el verano decidimos seguir adelante y desde hace más de dos años vamos todos los viernes y en vacaciones aún más días. ¡Nos encanta!


Lo mejor de nuestro voluntariado es que vamos los dos juntos, somos un equipo en la casa y estamos juntos. Es perfecto para nosotros.


¿Cómo fue vuestro primer día?

El primer día fue un susto, vas con mucho miedo porque no sabes q te vas a encontrar, como lo vas a hacer. La gente te tiene que ir conociendo para aceptarte también, eso no es de la noche al día. Que tú te ganes su confianza.


El primer día para Álvaro fue fenomenal porque hizo la cena para 15 personas, nos fuimos al jardín estábamos jugando a un juego de mesa, cuando llegó Rosa y le dice: “¿Qué haces aquí que te están esperando en la cocina?”, así que se fue a cocinar y yo me quede allí jugando con los demás.


Lo cierto es que te tienes que tirar a la piscina desde el primer día, no puedes entrar poco a poco. Así como tampoco hay un manual del voluntariado, cada uno lo hace como sabe y cree que debe hacerlo. Así que vas aprendiendo sobre la marcha, vas escuchando, mirando y aprendiendo poco a poco.


Nuestra función es la cercanía y empatizar con ellos, pero siempre con unas normas mínimas de convivencia que están claras cristalinas para todos y nosotros tenemos que asegurarnos de que se cumplan pero sin ser el sargento de hierro.


Es precioso y cuando salimos ese primer día teníamos claro que nos hubiéramos quedado más. Nos fuimos con los bolsillos llenos de cosas, de experiencias, de grandes sensaciones. Teníamos muy claro que queríamos seguir y así lo hicimos.


¿Por qué es la casa de la esperanza?

Porque queremos que todos salgan de la casa con una situación normalizada y, aunque ocurre pocas veces, hemos vivido varios casos que así ha sido.


Los que han terminado todo el proceso no se desvinculan de la casa nunca, siempre llaman, vuelven a ayudar y salen adelante con esfuerzo y trabajo pero salen adelante. Los que abandonan antes de tiempo, se desvinculan sin mirar atrás les cuesta mucho más y recaen en el hoyo más fácilmente.


Pero como casos positivos hay varios, por ejemplo hay un chico con problema de adicción que estuvo en la casa todo el proceso y lo hizo muy bien con mucho esfuerzo y ahora ha conseguido un trabajo de lo que el quería, pagándose un alquiler  y con nuevos hábitos que le están ayudando a salir adelante. Con una vida normalizada, aunque sigue con su tratamiento de CTA pero como todos tenemos algún problema o tratamiento. Y va muy bien.


Con cada uno de estos casos sientes una satisfacción y alegría brutal, porque son personas con las que has convivido 16 o 24 meses y les coges muchísimo cariño. También nos sentimos muy orgullosos de ellos, porque es una pasada lo que logran. Es tan difícil la situación y vida que tienen y que consigan salir adelante es una pasada.


Ellos te dan mucho, su vida y entonces les quieres mucho y es una gran alegría. También sientes mucho miedo porque se van solos y que se les cruce una mala compañía o tomen una decisión equivocada y vuelvan a caer, te da mucho miedo.


¿Qué os aporta este voluntariado?

Yo no podría concebir nuestra vida sin este voluntariado, lo que nos da mucha pena es no poder hacer más, ir más días.


No se si será siempre el mismo voluntariado pero no podríamos vivir sin él. Este voluntariado nos aporta muchísimo, no hay día que no salgamos de ahí y no nos vayamos con un subidón personal, con los bolsillos llenos.


Podemos llegar el viernes con un problema personal o laboral, en cuanto llevas 10 minutos allí, te has olvidado de todo porque están metido en el proyecto y al día siguiente sales renovado, nuevo, con una sensación de lo que has aportado de lo que te han aportado que lo demás pierde peso y relevancia.


Sales satisfecho, feliz y cargada de cariño por lo compartido con todos ellos. Para nosotros no es un sacrificio el voluntariado es una alegría.


Además una de las cosas que me alucina es la gente que trabaja en el proyecto, una pasada. El trabajo que desarrollan no esta pagado, la gente se entrega de una manera increíble. Todo el equipo se mimetiza con la gente, hacen suyos sus problemas. En cuanto hay una recaída ves como se disgustan, como lo sufren. Es increíble.


Nosotros no sabríamos que hacer si no tuviéramos este voluntariado, ha dado mucho sentido a nuestras vidas. Vamos incluso en navidades, fin de año lo pasamos allí y es la mar de divertido, es una fiesta. Nos lo pasamos fenomenal y nos encanta ir.


¿Cuál es vuestra motivación a la hora de ir a la casa cada viernes?

Al principio la motivación era que teníamos que hacer algo por los demás, hay que ayudarse los unos a otros y debemos hacer algo. Ahora cuando ya estas dentro, la motivación es que esto es una pasada para nosotros, nos estamos llevando todo, satisfacción, cariño, aprendemos muchísimo… todo.


¿Cuál es la reacción de la gente cuando habláis de vuestro voluntariado?

Pues las reacciones son muy diversas, tenemos amigos que les gusta escuchar e incluso después de contárselo nos hemos enterado de que han comenzado algún tipo de voluntariado pero hay otros que les pasa lo que a mucha gente que siguen sin querer mirar la parte fea de la sociedad, porque hace daño, porque remueve, porque te hace reaccionar y ellos ni si quieran nos escuchan.


Pero nosotros somos hasta cansinos cuando nos lanzamos a hablar de la casa, pero es parte de nuestra vida queremos compartirlo y contarlo, como quien cuanta las monerías de sus hijos o hablan de sus padres.


Pero en general la gente acoge bien nuestra historia y te sigue preguntando después como estáis allí, que tal van los chicos e incluso algunos quieren colaborar y estamos tras ellos y no les dejaremos escapar.


Y queremos concluir recalcando que es un regalo para nosotros este voluntariado y este proyecto es muy bonito, muy positivo. Es una casa de Esperanza en la que esperamos seguir conviviendo durante mucho tiempo.