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La Cáritas que no pasa desapercibida

Cáritas Madrid. 25 de septiembre de 2018.- 22 de junio de 2017: esta fecha la tiene grabada a fuego Manuel, porque es el día en el que fue acogido en Cedia 24 horas, el recurso de Cáritas Diocesana de Madrid para las personas sin hogar. Desde entonces, también ha añadido a su memoria varios nombres: Rosa, Belén, Sol, José, Lara, Cristina, Javi… Son los educadores, miembros y voluntarios de Cáritas que le están ayudando en su camino de recuperación.

 

«Son un equipo maravilloso de personas. Todo son atenciones y facilidades. Gracias a ellos he podido realizar dos cursos y se han portado conmigo maravillosamente, porque yo mi futuro lo veía muy negro… Ellos me han acogido muy bien. Cáritas entera se ha volcado conmigo. Yo tenía la autoestima por los suelos, no sabía qué iba a ser de mi vida, y todos ellos juntos me la han levantado».

 

Manuel salió de la cárcel con 50 años, «con una mano delante y otra detrás», y solo le pedía a la vida otra oportunidad. «No quiero volver a donde estaba antes. Aquí he encontrado una verdadera familia, tanto por los compañeros como con el equipo de Cáritas. Hay cariño y comprensión por todos lados. No conocía antes a Cáritas de nada, y me ha sorprendido mucho, estoy alucinando», reconoce.

 

Manuel participa ahora en el itinerario de Cáritas para la búsqueda de empleo, por lo que «solo deseo un trabajo y empezar de nuevo. Que alguien se acuerde de mí y me ofrezca un empleo. Quiero otra vida distinta de la que llevaba antes. Quiero una vida como la de todo el mundo, la de cualquier persona de la calle. Y, dentro de unos años, volver a Cáritas como voluntario, para ayudar a personas que estén pasando por lo mismo por lo que he pasado yo», afirma.


Un itinerario completo

Una de las personas que más contacto tiene con Manuel es José Ortuño, orientador laboral de un proyecto nuevo de Cáritas que nace dentro del servicio para la búsqueda de empleo: la Agencia de Colocación. El objetivo es «casar la demanda de empleo que nos llega con la oferta que nosotros desde Cáritas podemos ofrecer. Si alguna persona contacta con nosotros demandando un tipo de perfil para un puesto, nosotros les ofrecemos una o varias personas que se ajusten a sus necesidades».

 

«Estas personas –continúa Ortuño–, han pasado todas por un itinerario completo en el que las hemos acompañado y que incluso continúa después de la incorporación al puesto de trabajo».

 

Manuel y José se ven todas las semanas en la nueva sede que tiene Cáritas Diocesana de Madrid en la calle Santa Hortensia, en el barrio de Prosperidad, un centro que ya ha albergado numerosos recursos de Cáritas y en el que a partir de ahora se centralizarán diversos servicios para prestar una atención global e integral. Concretamente, en esta nueva ubicación se concentran la sede social y los servicios centrales de apoyo y orientación, empleo y vivienda; los centros de Estudios Sociales y de Capacitación; la Agencia de Colocación y el Centro de Tratamiento de Adicciones, así como la sede de Cáritas de la Vicaría I.


Un techo para 500 familias

En la sede trabajan empleados y voluntarios que, como dijo el cardenal Osoro la semana pasada durante la bendición de las nuevas instalaciones, tratan de «hacer visible y cercano el amor de Dios». Uno de ellos es Manuel Claros, técnico del Servicio Diocesano de Vivienda, que explica a Alfa y Omega cómo Cáritas atiende las necesidades de alojamiento y vivienda de todas las personas y familias que acuden a la institución. «Desde aquí coordinamos los cuatro centros residenciales que tenemos en la diócesis: El Parral, Jubileo, Sínodo y JMJ, de modo que podamos acoger a cualquier familia que lo necesite y que pase por nuestros recursos. Y si después de pasar por estos centros la familia lo sigue necesitando, gestionamos también unas viviendas de fin social: 240 en total, que podemos ceder temporalmente a estas familias si lo necesitan hasta que terminan que regularizar su situación».

 

En este momento hay cerca de 500 familias a las que Cáritas Diocesana de Madrid ofrece todos los días un techo bajo el que cobijarse, «y tenemos todavía algunas peticiones desde las vicarías que están esperando a que les podamos ofrecer alguno de nuestros recursos de vivienda», dice Manuel.


Desde la retaguardia

Otro de los departamentos de la nueva sede es el de Asesoría Jurídica, donde su responsable, Cristina Soler, cuenta que ofrece orientación a usuarios de Cáritas en asuntos como desahucios, medidas paterno-filiales en procesos de separación, información laboral, incapacidades… «Todo gracias a nuestro equipo de abogados voluntarios».

 

O Prestaciones Económicas, donde Fátima Cabello, explica que tratan de «unificar los criterios con los que se ofrecen las diferentes ayudas que demandan tanto nuestros voluntarios como nuestros técnicos, y supervisar luego todas las subvenciones, para que todas las instituciones vinculadas a Cáritas actúen de la misma manera a la hora de conceder las distintas ayudas».

 

O el departamento de Informática, que da soporte a toda la red en parroquias y vicarías de todo Madrid, cerca de 1.400 ordenadores –todos ellos procedentes de donaciones– que almacenan y gestionan toda la información de ayudas y las bases de datos de todos los usuarios y voluntarios, una labor que apenas se percibe pero sostiene todo el trabajo de Cáritas en la diócesis. «No estamos en la primera línea de batalla, nuestro trabajo no se ve, pero lo que hacemos es igual de necesario», reconoce su responsable, Santiago Herrero.


La «viga maestra» de la Iglesia

Son solo algunos de los rostros menos visibles de Cáritas en la diócesis, la Cáritas que no se ve. La que permitió el año pasado atender a 118.860 personas, gracias a 402 proyectos y servicios que a partir de ahora serán coordinados desde la nueva sede. Todo lo cual hará posible el propósito que subrayó el cardenal Osoro durante la bendición de las instalaciones la semana pasada: «La Iglesia tiene que escuchar a los hombres, tiene que mirar a las situaciones e inclinar el oído» porque «la misericordia es la viga maestra» que la sostiene. «Ojalá seamos una Iglesia que no pasa desapercibida».

 

Reportaje publicado en Alfa&Omega