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La Ascensión del Señor

 

Hoy celebramos el misterio de la presencia invisible, pero real y eficaz, del Señor en su Comunidad; hecho que celebraremos solemnemente dentro de pocos días en la fiesta de Pentecostés.



Cáritas Madrid. 24 de mayo de 2020.- Llenos aún del gozo de la Pascua, hoy celebramos la Ascensión del Señor resucitado a la gloria de Dios su Padre. Después de su vida entregada, después de su resurrección, vencedor del pecado y la muerte, se ha sentado en la gloria junto a su Padre, Dios. Pero no se ha alejado de nosotros, sino que «ha ido a prepararnos sitio», para que también nosotros podamos un día compartir su gloria. Empieza, pues, hoy el misterio de la presencia invisible, pero real y eficaz, del Señor en su Comunidad; hecho que celebraremos solemnemente dentro de pocos días en la fiesta de Pentecostés.


PARA LA REFLEXIÓN

¿Plantados o enraizados? El tiempo pascual nos devuelve a nuestros orígenes y raíces de la fe apostólica, enraizada en el Espíritu del Resucitado, que bendice y envía desde una promesa que lo es de plenitud. La Iglesia y los cristianos, a lo largo de la historia, tenemos la tentación de olvidarnos de la raíz primera que nos lanza al futuro, del Espíritu del Resucitado, y plantarnos en el tiempo y en las medidas que no son del Espíritu, buscando la seguridad y la permanencia frente al deseo de la plenitud que nos ha sido prometida. Cuando eso ocurre, pintamos el paraíso de origen de fijismo, para justificar nuestra comodidad y nuestro deseo de seguridad calculada, frente a la invitación al riesgo y a la plenitud. Nos agarramos a un alfa conservador, principio petrificante, frente a una omega de realización y esperanza verdaderas.


La fiesta de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, con la fuerza de la Palabra de Dios, viene a recordarnos que Dios «no nos ha dejado plantados, sino bendecidos y enviados», enraizados en la fuerza y vida del Espíritu Santo en el que hemos sido bautizados. La Ascensión nos hace ver que somos la Iglesia del Espíritu; y la defensa y la conservación de la institución no deben apagar ni encerrar al don del Espíritu.


LA ASCENSIÓN Y PRESENCIA DEL SEÑOR
«Señor, cuando vuelvas, como te has marchado, como un verdadero  hombre, te has de encontrar a ti en nosotros como el sufrido, el paciente, el fiel, el bondadoso, el abnegado, como quien se mantiene unido al Padre aun en las tinieblas de la muerte, como el lleno de amor y de alegría. Señor, has de encontrarte en nosotros como nosotros quisiéramos ser y no somos. Pero tu gracia no solo se ha quedado, sino que ha venido precisamente a nosotros porque Tú, al subir para sentarte a la derecha del Padre, has derramado tu Espíritu en nuestros corazo
nes. Por eso creemos verdaderamente, contra todo lo que nos dice la experiencia, que Tú continúas tu vida en nosotros, aun cuando desgraciadamente encontramos  en nosotros a nosotros mismos y no a ti. Subiste al cielo y te sientas a la derecha del Padre con nuestra vida. Vas a volver con esa misma vida para encontrar la tuya en la nuestra. Y el que Tú la encuentres va a construir nuestra eternidad, cuando mediante tu vuelta hayamos entrado en la gloria de tu Padre con todo lo que somos, lo que vivimos, lo que tuvimos y lo que sufrimos».


CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO
1.  ¿Cuáles son «mis cielos», tan importantes, que no puedo dejar de mirarlos?

2.  ¿Cuáles son esos «cielos míos» ante los que cede todo lo demás: el cariño, la amistad, la solidaridad, la justicia…?

3. ¿Cómo ser apóstol hoy en nuestro mundo?

4. ¿En qué ambiente concreto puedes ser testigo de Jesús?