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Jesús quiere habitar en tu casa, déjale pasar

Lecturas del Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario: Jer 1, 4-5.17-19/ Sal 70, 1-2. 3-4-5-6ab.15ab y 17 / 1Cor 12, 31-13, 13/ Lc 4, 21-30.


Cáritas Madrid. 3 de febrero de 2019.- Toda vocación profética viene precedida de una llamada, por elección de Dios que elige a la persona para una misión concreta. ¿Cuál es mi misión? ¿Qué palabra del Señor tengo que anunciar? La misión nunca es fácil, nos lo recuerda el profeta Jeremías que tuvo que sufrir la prisión, incluso casi la muerte por ser fiel a Dios que le había llamado para anunciar y denunciar situaciones difíciles. Tampoco la misión de Jesús tuvo unos comienzos fáciles. Primero la gente de su pueblo que le conocía, más tarde será su propia familia y después todo Israel.

 

Las lecturas de hoy nos llevan a replantearnos nuestra vocación de llevar la Buena Noticia del Evangelio no solo en nuestra vida cotidiana, sino también en aquellos lugares donde no han oído hablar de Jesús. La llamada De Dios siempre nos provoca, nos interpela, nos decolora, nos hace salir de nosotros mismos y nos lleva por caminos nuevos, desconocidos, apasionantes, donde la Palabra del Señor pueda generar vida abundante desde el amor a lo pequeño, a los más pequeños.

 

 

Muchas veces nos cuesta ver la presencia del Señor. Quizá por cansancio, quizá porque la realidad nos sobrepasa. A lo peor no queremos verlo o preferimos decirle dónde debe estar. En nuestro caminar de creyentes es importante que abramos el entendimiento cada día. Y junto a él, el corazón y los ojos. Y junto a él, el corazón y los ojos. No se manifiesta en cosas gigantes, lo que a veces nos aburre. No se manifiesta como mago que hace milagro tras milagro, lo que es extraño. En nuestra asamblea dominical podemos confortarnos en nuestras dudas, podemos acompañarnos. Podemos volver a repetirnos: El Señor está con nosotros para librarnos.

 

El reto de hoy compartimos para que lo hagamos nuestro es: “Promover una caridad que brota del corazón y es motor del compromiso, realizando gestos sencillos y cotidianos de solidaridad e impulsando el desarrollo integral de las personas más pobres desde el ahorque nos hace descubrir las carencias y necesidades del otro, y también sus capacidades y posibilidades”. “Amar se torna, entonces, en la hermosa tarea de ayudar al otro a ser, a crecer, a desarrollarse en todas las potencialidades”. “Amar se torna, entonces, en la hermosa tarea de ayudar al otro a ser, a crecer, a desarrollarse en todas las potencialidades de su ser. Y proyectando esto a la acción caritativa y social, la caridad nos lleva a superar el asistencialismo y promover el desarrollo integral, un desarrollo que trata de integral cuerpo y alma, la dimensión individual y comunitaria, lo personal y lo social”.