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Jesús purifica a aquella persona humilde, capaz de acercarse y de poner toda la confianza en su poder

Lecturas del Sexto domingo del Tiempo ordinario:  Lv 13, 1-2.44-46; Sal 31; 1Cor 10, 31-11, 1; Mc 1, 40-45.

 

Cáritas Madrid. 11 de febrero de 2018.- Nuevamente la Palabra de Dios nos hace recapacitar sobre nuestra vida. Podemos hacer un paralelismo entre lo que escuchamos en los textos litúrgicos y la realidad actual que vivimos. Hoy también hay personas que sufren, que viven apartadas de la sociedad. Personas que les falta lo mínimo de lo mínimo, que pasan hambre. Parece que son impuros.

 

Nosotros podemos tomar ejemplo de Jesús y de Pablo. Jesús purifica a aquella persona humilde, capaz de acercarse y de poner toda la confianza en su poder. Pablo nos dice que estamos llamados a actuar "para gloria de Dios". Posiblemente nuestra actuación, como la de Jesús, no sea entendida por la mayoría de la sociedad. La evolución de "ser impuro" a la "acogida" que nos enseña Jesús, nos interroga ante nuestras paradojas: por ejemplo, producimos alimentos para todos, pero todos no tienen lo necesario para su sustento.

 

Vivimos agobiados por tanta mala noticia. Llegan a paralizarnos, a llevarnos a la resignación, a la aceptación de las cosas como algo ineludible e inevitable. Nos hacen vivir en la dictadura de la realidad. Nos quitan el oxígeno, la posibilidad de soñar otro mundo es posible, y a quien sueña enseguida le tachan de utópico, de ingenuo, cuando no de enemigo del pueblo. Nos cerramos en nuestras pequeñas cosas. Hoy Manos Unidas nos invita a mirar más lejos, a escuchar los gritos que llegan desde lugares en que el sufrimiento vencible campa por sus fueros.

 

El Señor que nos convoca nos quiere liberar de nuestras lepras, de nuestros miedos, de nuestro pecado de falta de esperanza. Acudir a su llamada es un buen síntoma, hemos superado barreras: hay signos de esperanza.