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“Hacer voluntariado me ha permitido saber que mi vocación está en la gente. Me hace ser mejor”

Catalina es voluntaria de Cáritas Diocesana de Madrid. Su labor en los proyectos de Cáritas Diocesana dedicada a mujeres le ha cambiado la vida y su forma de ver a las personas. Esta es su historia:

 


Cáritas Madrid. 13 de agosto de 2019.- Hasta hace menos de un año, Catalina, o “Cata”, como la llaman todos, no se habría fijado en un cartel de Cáritas Madrid en el que aparece una persona sin hogar y una frase: “Estoy tan cerca que no me ves”. Hasta hace unos meses ella sabía que había personas que vivían en la calle. Lo había leído en los periódicos y a veces veía alguna de camino al colegio, pero, en realidad, no las veía.  O no las veía como las ve ahora. Su voluntariado en el centro Luis Vélez de Guevara de Cáritas Diocesana de Madrid, que acompaña y atiende a mujeres en situación de sin hogar, le ha abierto los ojos a sus 19 años. Le ha enseñado a ver de verdad a las personas, a mirarlas a los ojos y a escuchar y empatizar con sus problemas, también la ha ayudado a ser mejor. Así lo cree ella. Asegura que va cada semana al centro por egoísmo, porque le hace sentirse bien. Que con el voluntariado ha encontrado su vocación: la gente. 

¿Qué es lo que te llevó a ser voluntaria?
Catalina: el pasado verano hice un voluntariado con la Universidad de Comillas en Brasil. Me gustó mucho la experiencia por eso le consulté a un sacerdote de la universidad, Alberto Núñez, cómo podía continuar haciendo voluntariado a mi vuelta en Madrid. Él me aconsejó que acudiera a Cáritas.  Tenía claro que quería ir a algún proyecto de mujeres, por eso aterricé aquí, en el Centro Luis Vélez de Guevara, en octubre de 2018. Vengo tres horas los martes y paso la semana esperando que llegue este día.
 
¿Por qué elegisteis un proyecto de mujeres?
Catalina: yo estudio un doble grado en Psicología y Criminología. Escogí un proyecto de mujeres porque el perfil femenino es interesante desde la psicología y criminológicamente hablando también; la mujer no se ha estudiado demasiado en este campo. Estando con mujeres iba a tener la oportunidad de saber más sobre nuestro comportamiento. Es, además, donde yo creía que podía conectar mejor. Yo había hecho voluntariado con niños, pero la relación que se tiene con ellos es siempre desde una figura de poder, sin embargo, en un proyecto como el de Luis Vélez de Guevara tenemos una relación más de tú a tú entre las personas que vienen aquí en busca de algún tipo de ayuda y nosotras. Eso es lo que yo buscaba. De hecho, creo que al final todas nos hemos convertido prácticamente en amigas.

¿Qué te ha aportado ser voluntaria?
Catalina: con este voluntariado he descubierto que es una parte de mi vida muy importante. Cuando he hecho otros voluntariados, reconozco que después de un tiempo me ha dado pereza ir. Para mí, ahora mismo, venir al centro es un momento de la semana que espero. Se ha convertido en algo fundamental en mi vida. Si hay una semana que no vengo porque estoy enferma o porque me he ido de viaje, estoy preguntándome ¿cómo estará “fulana” o “mengana”, que me contó tal problema? Luego, llegas aquí y te das cuenta de que ellas también se preocupan por mis problemas, que me preguntan por mi familia o por mis exámenes. He conseguido tener con ellas una relación cercana que me ha hecho descubrir que mi vocación está en la gente. 
 
¿Cómo fue el primer día que viniste aquí?
Catalina: entré y había muchísimas mujeres y algunas empezaron a preguntarme cosas. Yo me asusté un poco, la verdad. Pensé ¿dónde me he metido? Me veía sin recursos para afrontar algunas situaciones. Pero entré y no me dio tiempo a pensar mucho más. Enseguida me integraron y me ayudaron a sentirme útil. Aquí vienen muchas mujeres con necesidad de compartir todo lo que les ha pasado, por lo que hay días que solo escuchando ya las ayudas. La primera chica con la que hablé también tuvo mucho que ver en que yo me sintiera a gusto ese día. Era de Nicaragua y había estudiado psicología, como yo. Me contó que había venido a España a buscar trabajo. No lo encontró y acabó en la calle. Estaba totalmente perdida y enseguida conectamos. Yo me vi reflejada en ella, y ella en mí. Me di cuenta de que yo podía hacer aquí muchas más cosas de lo que yo pensaba. 

 
¿Qué es lo que has descubierto?
Catalina: yo aquí me siento útil. Hay cosas que podría hacer cualquiera; por ejemplo, cuando pongo un café a una señora que viene de la calle, creo que eso lo puede hacer cualquiera, pero luego creo que sí he logrado ofrecer aquí una ayuda que siento que es necesaria. En realidad, tengo que confesar que hago voluntariado de una forma egoísta. Me siento bien y feliz. Y eso creo que es lo que me engancha. No sé si está mal decirlo, pero creo que ser voluntaria me hace ser mejor persona. Y egoístamente me hace querer sentirme así siempre. Te sientes única y especial. Te hace crecer.
 
¿Qué es lo mejor y lo peor?
Catalina: lo peor es la carga que en algunos momentos sientes. Hay mucho trabajo y a veces piensas que no llegas. Hay historias que te cuentan y que pueden ser duras de escuchar porque no les puedes solucionar sus problemas. Pero, luego, sientes que al menos le has sido útil a esa mujer que ha compartido sus problemas contigo, porque la has ayudado a descargarse. Es bonito pensar que has conseguido que puedan confiar en alguien y cuando ese “alguien” eres tú, es genial. Eso es lo mejor. La confianza que ponen en ti. Escuchar que me llaman por mi nombre me hace pensar que confían que yo puedo hacer algo por ellas.