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Hacer sentir el calor del hermano en Cristo

Vicente, voluntario de Cáritas en el centro arciprestal de Vicálvaro, me enseñó que para ayudar a alguien siempre hay que escuchar con atención. ¡Gracias por tus consejos!.


Cáritas Madrid. 6 de marzo de 2018.-

Cómo pasa el tiempo, no corre, vuela. Quien me iba a decir hace ya casi seis años, cuando empecé a pensar en qué podría ayudar en algo a los demás, ya que, ¡¡por fin!!, tenía tiempo, que ahora estaría escribiendo sobre el Centro Arciprestal de Vicálvaro de Cáritas Vicaría III, y los voluntarios que trabajan en él.


Para empezar, hay que aclarar que, en aquel momento no tenía ni idea de dónde estaba situado ese barrio, antaño pueblo, y parece ser que pueblo con historia (Vicus Albus de los romanos, nos cuentan), y no podía imaginar que cuando al fin me decidí a incorporarme a Cáritas Madrid, mi primer interlocutor (Marcial), me propusiera un sitio tan raro: un centro arciprestal (que será eso pensé yo), y encima en un barrio totalmente desconocido para mí, y bastante lejos de mi domicilio.


El caso es que, como yo tampoco tenía muy claro en qué podría ayudar dentro de Cáritas, hacia allí me encaminé un día de febrero de hace cinco años, con todos los prejuicios propios del que piensa que los barrios del extrarradio son siempre barrios marginales y peligrosos por definición.

“Pregunta por Gema, en la calle San Eudaldo 11 bajo”, me dijo Marcial, y allí estaba yo, a la salida del metro de San Cipriano, buscando la dichosa dirección, nervioso, temeroso de que me saliera al paso cualquier indeseable con malas intenciones, hasta que por fin conseguí encontrar el Centro.


Me recibió Pilar, una institución dentro del Centro, con más de 25 años de colaboración en Cáritas. ¿Qué pensaría de mi entonces? Con lo apocado que soy, ella que con su amabilidad y capacidad puede entablar conversación con una piedra si se lo propone. Y por fin conocí a Gema, la persona de referencia en el Arciprestazgo, que me pregunta “que qué sabes hacer”; “pues nada de particular”, le contesté. Yo trabajaba en un banco hasta que me prejubilaron. “Entonces puedes trabajar con un ordenador” me dijo, “pues sí”. Y en la acogida me puso.


Y yo que soy bastante sieso, tenía que hablar con todo el que llegaba y preguntar qué quería; que mal lo pasaba al principio. ¡Menos mal que estaba Pilar!, ella conocía a todo el mundo y para todos tenía una palabra amable, o una bondadosa regañina.


Con el tiempo he ido conociendo las necesidades y angustias de muchas personas, de algunas incluso se me han ido quedando los nombres (Miosotis, Mally, Sonia Larisa, Domingo…) y mira que tengo una cabeza que es incapaz de recordar un nombre. Algunas veces he conocido el engaño, pero las más, la alegría y la gratitud de las personas a las que se ayuda, que cuanta mayor es su necesidad mayor suele ser su agradecimiento.


También he conocido a muchos compañeros voluntarios a lo largo de este tiempo, algunos continúan aguantándome, Pilar la primera, Mª Luz, Mª del Mar, Paloma, Pepa, Juan Luis, Paco, Víctor. Otros han continuado sus caminos por otros derroteros: Mercedes. Enrique, Fernando, Manuel, Serafín, Paco Ruiz, Maurilio, y todos los que ahora se me olvidan. Pero todos ellos han influido de alguna manera en mí.


Y dejo para el final a Vicente. Que espero me esté aguardando en el cielo junto con mi familia y amigos difuntos, y que ha sido el motivo indirecto de esta NO noticia.


Vicente era una persona especial, viudo con dos hijos jóvenes a su cargo, a pesar de su invalidez por un problema de corazón, era capaz de arreglar su casa, de hacer la comida, de atender a sus hijos, y, además, de venir a Cáritas y contagiarnos a todos su alegría y buen humor.


Vicente transmitía constantemente su alegría de vivir, siempre con una sonrisa, incluso cuando estaba con problemas, siempre dispuesto a ayudar, y siempre dando cariño.¡¡Cuánto le echo de menos!!.


En los dos años que compartí con él sus alegrías y sus penas, me enseñó algo que considero fundamental en mi trabajo como voluntario de Cáritas; que para ayudar a alguien siempre hay que escuchar con atención. Y, tanto si finalmente puedes ayudar, como si no es posible, siempre hay que tratar de que la persona se sienta comprendida y querida. Y aunque solo puedas dedicarle una palabra, que sea una palabra cálida.


Ahora queda lo más difícil, poner en práctica junto con mis compañeros lo aprendido a lo largo de estos años, y conseguir que cualquier persona que acuda al Centro se sienta acogida, (que palabra tan profunda esta), y que, a pesar de  las dificultades que surgen en el día a día consigamos que sienta el calor del hermano en Cristo.


Porque ahora que conozco el barrio, he comprendido que no es un barrio marginal, es un barrio obrero, con gente maravillosa, que es capaz de compartir lo que tiene, aunque sea poco, y de ayudar a los que más lo necesitan. Y Cáritas está ahí, ayudando en lo que puede, y todos nosotros, la PRA  y los voluntarios del Centro, intentamos colaborar lo mejor que sabemos.


“Lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros. Lo que hacemos por otros y el mundo permanece y es inmortal". Albert Pine.