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"Fuimos de excursión con la mochila, la tortilla y la ilusión"

Encuentro de familias del Equipo de Acompañamiento a Familias del arciprestazgo de San Pedro de Barajas.

 

Cáritas Madrid. 10 de junio de 2016.-  Sin duda, estar en familia es lo mejor del mundo. Compartir momentos de despreocupación con ella, olvidarse por un día de los problemas, centrar la energía en agradar al otro y divertirse. Y esto mismo, y por segundo año consecutivo, es lo que vivimos todos los que formamos el Equipo de Acompañamiento a Familias de Arciprestazgo de San Pedro de Barajas de Cáritas Vicaría I.


Padres y madres con sus hijos, de todas las edades, y voluntarias nos marchamos a Rascafría y Buitrago de Lozoya (Madrid) con todo lo necesario, preparado sin que el anuncio de lluvia mermara nuestra ilusión y ganas de pasarlo bien. Y como el interés mueve el mundo, las expectativas se cumplieron y, al final, lo único que ensombreció el día fue el viaje de regreso pues no supo a poco.


La primera parada tuvo lugar en el Real Monasterio de Santa María del Paular, una maravilla de finales del siglo XIV, antaño cartujo y hoy benedictino. Tuvimos la inmensa suerte de poder ver una exposición de Vicente Carducho, quien entre los años 1629 y1632 pintó un total de 56 cuadros dedicados a la vida de San Bruno de Colonia, fundador de la Orden de los Cartujos. Terminada la visita un hermano se sumó a nuestro grupo para enseñarnos el interior del monasterio con su espléndido retablo mayor y sillería del coro, sus capillas dedicadas a la Virgen, y el impecable refectorio.


Al estar enclavado en el valle de Lozoya, pudimos pasear por su privilegiado entorno, rodeado de montañas y generosa vegetación compuesta por robles, fresnos y álamos que nos hizo olvidar nuestros quehaceres cotidianos en la ciudad. Qué duda cabe de que los que más disfrutaron con todo aquello fueron los niños a los que difícilmente pudimos convencer para volver al autobús que nos llevaría al centro que Cáritas tiene en Buitrago de Lozoya donde comimos juntos, compartiendo nuestras respectivos alimentos, convirtiéndose aquel momento en una fiesta.


El resto del día transcurrió entre los juegos de los más pequeños mientras los adultos conversamos animadamente narrando historias personales, repasando todo lo andado hasta ahora juntos, imaginando un horizonte mejor. En definitiva, poniendo al día y reforzando nuestra amistad. El día fue verdaderamente intenso y se echó en falta a los que no pudieron acompañarnos por distintos motivos como celebraciones, trabajos, y enfermedades. El próximo año no se lo perderán.


Cerca de cincuenta personas comparten sus ilusiones y problemas; sus logros y fracasos. Depositan su confianza en nosotros, quienes intentamos ayudar para que sus esperanzas se materialicen en una realidad sostenible en el tiempo. Por nuestra parte, verles disfrutar como lo hicieron durante esta jornada nos revela que la mejor inversión que hacemos en nuestra vida es estar a su lado.