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Este jueves Madrid se inunda de Caridad

La familia de Cáritas Madrid celebra mañana, con motivo del Corpus Christi, el tradicional Día de Caridad. Gracias a la colaboración de más de tres mil voluntarios, damos testimonio de nuestro compromiso con los más necesitados y mostramos nuestros proyectos y servicios en 533 mesas colocadas por toda la Diócesis de Madrid. El Día de Caridad se celebra desde hace casi sesenta años, pero ¿sabes cómo comenzó?


Cáritas Madrid. 19 de junio de 2019- Sus nombres están ligados al Día de Caridad: Paquita, Pilar, Macarena,  Marisun, María Jesús, Lola, Isabel… Y, si escribiéramos sus apellidos, veríamos que son la “historia viva” de este día que está unido a Cáritas Diocesana de Madrid casi desde sus inicios. Porque, a las mujeres que

cada año organizan el “día grande” de Cáritas Madrid, este día les corre por las venas. Son testigos silenciosos de la generosidad de miles de personas.

Algunas de ellas llev an más de cincuenta años saliendo a la calle para dar testimonio de la labor de Cáritas Diocesana de Madrid. Sin ellas,

no sería posible.


Caridad es, junto a Navidad, uno de los días más importantes del calendario de Cáritas Madrid. Es la jornada en la que trabajadores y voluntarios –este año más de tres mil– se hacen presentes en la calle como sinónimo de la esperanza y el amor de Cristo, vivo en la Eucaristía. Por esto, el Día de Caridad se celebra desde hace cincuenta y nueve años junto a la festividad de Corpus Christi, jornada en la que rememoramos el amor de Cristo. El amor que le llevó a convertirse en pan para vivificar a los hombres.


Altavoces de nuestros proyectos y receptores de nuevas propuestas

Como reflejo de este amor, Cáritas celebrará este jueves, 20 de junio, el Día de Caridad en el que, como misioneros de la caridad, toda la familia de Cáritas Diocesana de Madrid se convierte en experiencia viva del compromiso y entrega a los más necesitados, así como en altavoz de los proyectos y servicios que desarrollamos, y receptores de nuevas propuestas para quien nos quiera orientar o aconsejar. Es una fecha en la que, además, proponemos a toda la sociedad asumir el compromiso de seguir la obra de Jesús.


Caridad no sería posible sin los miles de voluntarios que ese día salen a la calle. Entre ellos hay un grupo que son la historia viva de este día. Son las

señoras herederas de nombres que en Cáritas son institución. Porque la parte más tradicional del Día de Caridad tiene un sello eminentemente femenino. Hablamos de Pilar Gimeno o de Paquita Fernández Dickinson, primeras responsables de su organización, cuyo ejemplo de entrega sigue presente en las reuniones previas a una jornada que se prepara durante meses, en la que las puertas de Cáritas Diocesana de Madrid se abren de par en par.


Paquita Dickinson y sus "herederas"

Si Caridad es una efeméride señalada es porque hace casi sesenta años doña Paquita atendió a la llamada del obispo Leopoldo Eijo y Garay y del obispo auxiliar Ángel Morta que le hicieron el encargo de convertir el Día Nacional de Caridad, que se había celebrado en 1960 por primera vez, en una fiesta masiva en toda España. Y lo logró. Tal fue el compromiso adquirido por doña Paquita con el Día de Caridad que ese año declinó la invitación para acudir a la boda de los entonces príncipes don Juan Carlos y doña Sofía, celebrada en Atenas.


Con su ejemplo de entrega, logró que todas sus amistades acudieran año tras año a su convocatoria, con lo que hizo que creciera el compromiso de la sociedad con este día, así como el número de mesas, hasta llegar a la celebración que se hace en la actualidad: una fiesta en la que participa toda la

familia de Cáritas: residenciales, colegios, casas de acogida y las siete vicarías, con sus realidades diversas e integradoras.

Pero Caridad comenzó siendo algo pequeño; con una única mesa, montada por Galerías Preciados en la plaza de Callao y presidida por doña Pilar Gimeno. Con la labor de doña Paquita y la incorporación de las Luisas de Marillac y las Damas de la Caridad se instalaron más de 30 mesas al año siguiente. Luego llegó el compromiso de las mujeres de Acción Católica de las parroquias de Santa Bárbara, de la Concepción... y del resto de la Diócesis de Madrid.

Así, año tras año, se sumaron nuevas colaboraciones hasta llegar a 2019, que colocaremos 533 mesas.

Fue doña Paquita quien consiguió implicar a la Familia Real con este día. La reina Sofía acudió a la mesa principal de cuestación cuando aún era princesa, le siguió la infanta doña Pilar y en la actualidad, la presencia de la infanta doña Elena está casi asegurada cada año. Su presencia en el Día de Caridad atrae a cientos de personas que acuden a saludar y, generalmente, a aportar un donativo a los proyectos de Cáritas Madrid.


Los preparativos

Para que nada falle este día, los preparativos arrancan a principios de año: el reparto de materiales, la distribución de las mesas, la preparación de

los manteles, las identificaciones de los voluntarios, la recogida de los donativos con los bancos, el reparto de las sacas y bolsas de postular, las piruletas, las pegatinas, los globos, los folletos informativos para mostrar la labor de Cáritas, la coordinación de la labor con las ocho vicarías de la Diócesis de Madrid, la distribución de los ejemplares de la Memoria Institucional de Cáritas Madrid y cientos de pequeños detalles surgen nuevos cada año

haciendo cada edición única e irrepetible.

 

Cada año, las vicarías se encargan de buscar las mejores ubicaciones para las mesas. Ningún espacio es casual: en las bocas de Metro, delante de determinados restaurantes, comercios u oficinas e incluso universidades o colegios. La concurrencia de gente es esencial, aunque no siempre garantiza el éxito. Curiosamente, la mesa que se coloca delante del Congreso de los Diputados, en plena Carrera de San Jerónimo, no es la más concurrida. En contra de lo que se podría creer, los políticos no suelen tener mucho tiempo para pararse a escuchar la labor de Cáritas en la Diócesis de Madrid o para hacer un donativo. Donde sí que encuentran colaboración absoluta es en los bares y cafeterías cercanos a las mesas. “Siempre salen a ofrecernos agua, un café, un refresco o algo de comer”, explica una de las voluntarias. “Muchos de ellos colaboran además haciendo donativos”, añade otra. “Son muchos años pasando una jornada juntos, con algunos hay cierta amistad”. A veces, la colaboración llega en forma de manos. Hay colegios de los que cada año salen una o dos clases a la hora de los recreos y los niños, acompañados por un profesor, cogen un rato las huchas para dar un descanso a los voluntarios.

“Ellos se sensibilizan con la necesidad de ayudar a los demás que existe en nuestra sociedad y a nosotros nos dan un respiro, que agradecemos muchísimo.¡Además, muchas veces, ellos en media hora consiguen más que nosotras en dos horas!”, señala otra voluntaria del Día de Caridad.


De madres a hijas

Si se consigue la  complicidad de tanta gente, es porque el equipo de Día de Caridad y los voluntarios que dedican esta jornada a Cáritas Diocesana de Madrid han crecido viendo el compromiso de sus madres con esta tradicional jornada. Hay quienes llevan más de cincuenta años postulando. Algunas son hijas de las colaboradoras más cercanas a doña Paquita, que acompañaron a sus madres a las mesas hasta que tuvieron edad para sujetar ellas solas las huchas y que, cuando tomaron las riendas de la mesa presidencial, muchas de ellas devolvieron” el favor a sus madres llevándolas para pasar un rato en la mesa: “Yo recuerdo a mi madre ya con alzheimer, sentada, feliz, en la mesa”, asegura con cariño otra voluntaria del equipo que coordina la mesa presidencial.

En estos años, nuestras voluntarias han visto de todo: “Algunos han resultado ser más potentes económicamente que otros, pero eso no es lo más importante”, apuntan. “La experiencia de salir a la calle es increíble. Hay mucha gente que te da auténticas lecciones: ha habido años que personas sin hogar que habitualmente piden cerca de donde se colocan las mesas nos han dicho que ese día se retiran para dejar que Cáritas recoja los donativos de la gente”, cuenta una de las voluntarias.

¿Qué es lo que hace que cada año renueven su compromiso con este día? En la respuesta de todas ellas hay dos palabras claves: “amor” y “ayuda”. Su motivación, explican, es concienciar a la gente de la necesaria labor de Cáritas: “No es tanto buscar los donativos –que también son muy necesarios–; es más dar testimonio de la necesidad de ayudar a los demás, de la caridad, de qué significan los cuatro corazones que forman el logo de Cáritas”. “Hay mucha gente que te dice: Si es para Cáritas, sí doy algo. ¿Cómo no vamos a seguir comprometidas entonces con este día?”, señala otra de las mujeres que nunca falla a la cita.


El calendario

El equipo de Día de Caridad consigue mover cada año a más de tres mil voluntarios de Cáritas Madrid. Se comienza a preparar en enero y suele celebrarse en junio, aunque no hay una fecha fija, puesto que el día lo marca el Corpus Christi. En abril, más de una veintena de las personas atendidas en el Centro de Tratamiento de Adicciones de Cáritas Diocesana de Madrid, situado en la calle Santa Hortensia, lavan y ponen a punto las 5.500 huchas que el próximo día 20 permitirán recoger con todas las garantías los donativos de las personas que quieran colaborar ese día. A partir de mayo, las ocho vicarías de Madrid y departamentos enteros de las oficinas centrales de Cáritas Diocesana trabajan a pleno rendimiento con la mirada puesta en este día tan especial que da sentido a nuestra identidad cristiana porque, tal y como nos recordó Francisco en una catequesis en 2017: “Estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esa está ligada también la alegría de la esperanza cristiana. La caridad es una gracia: no consiste en el hacer ver lo que nosotros somos, sino en aquello que el Señor nos dona y que nosotros libremente acogemos; y no se puede expresar en el encuentro con los demás si antes no es generada en el encuentro con el rostro humilde y misericordioso de Jesús”.