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Encontrar a Dios en el pueblo que sufre, en la historia que construimos

Lectura creyente de la realidad en la Escuela de Vida en Cáritas Vicaría II.

 

Cáritas Madrid. 7 de febrero de 2018.- Aprender a escuchar para sanar heridas y liberar personas, sin necesidad muchas veces de dar nada, sino generar un espacio recíproco entre dos personas que se comunican. Acompañar procesos pero antes mirar la realidad desde esa mística de los ojos abiertos, del corazón agradecido por la vida que se entrega alegremente a los demás. Así continuaba la Escuela de Vida animados por Santiago, sacerdote coordinador de Cáritas en Santísima Trinidad, que nos ayudó a aflorar desde nuestros adentros la experiencia de Dios que vivimos en el compromiso social. Dejarnos afectar por esa realidad y cargar y hacernos cargo de ella, llenando nuestro corazón de nombres que serán los que van forjando lo que somos como seres humanos.


Con la música de Luis Guitarra de fondo, Santiago nos propuso compartir dónde encontramos a Dios y qué dificultades nos vamos encontrando para ello. Los voluntarios fueron expresando que la vivencia del Misterio aparece en el contacto con el sufrimiento humano, con la pobreza, contemplando la Naturaleza, en la sonrisa de un niño.


Aunque nos cuesta trabajarlo, poner nombre a lo que nuestro corazón balbucea. No estamos acostumbrados. El actuar siempre implica un cambio en mí y en los demás. Cambio en nuestras actitudes cotidianas, en nuestros criterios y opiniones, la manera de ver al otro sin juzgarle, nuestro apoyo a la transformación de estructuras que sostienen determinadas realidades. La realidad es una y Dios forma parte de ella. Necesitamos una mirada contemplativa. La contemplación es la única manera posible de entender la realidad. Es salir de la oscuridad a la luz.


¿Cómo podemos incorporar en nosotros esa manera de mirar?. Una es el silencio, que nos permite tomar distancia para ver mejor, sin apegos, desde una mirada que ve el sufrimiento del otro, que grita aún sin palabras, que no deja indiferente y reconoce nuestros límites en presencia de los que no cuentan.


Pero no es sólo silencio, es una toma de conciencia. Cuando veo la realidad, ¿qué me dice?, ¿Dónde está Dios?. Se trata de mirar hacia afuera y ver cómo me cambia por dentro.


La llegada de Jesús es Dios saliendo al encuentro del ser humano. Jesús hace a Dios cercano cuando  toca, habla, cura, impone las manos y en cualquier circunstancia: en el lago, en la sinagoga, en las comidas, en los descampados.


Jesús tenía una mirada contemplativa, esa sabiduría de descifrar el misterio de la vida que solo Dios transmite. Los de Cáritas nos fijamos en Jesús.


Agradecemos la acogida del equipo de Cáritas de la parroquia Santísima Trinidad y a su equipo de curas y diácono, por las facilidades dadas en la logística necesitada.