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“En la parroquia dormíamos en una sala grande que compartíamos con otras personas. Fue una estancia corta, pero la recuerdo con cariño: por primera vez en mucho tiempo dormí tranquila”


Milagros vino de Venezuela en mayo del pasado año con dos maletas y tres niños: Juan, con diez años y parálisis cerebral; y las gemelas, tres años más pequeñas. Su historia, como la de muchas mujeres que han venido a Cáritas Madrid en busca de una mano amiga, es una historia de superación. Con motivo del 8M, Día de la Mujer, Milagros vuelve la vista atrás y desvela de dónde sacó la fuerza.


En la imagen: Milagros leyendo el cuento de "Pedro y la Luna" en cuya historia se ve reflejada

 

 

Cáritas Madrid. 6 de marzo de 2020.- Dos maletas y tres niños: Juan Daniel, de 10 años y parálisis cerebral, y las gemelas Isabel Cristina y Daniela del Valle, de 7. Así es como llegó Milagros de Venezuela en mayo de 2019 al aeropuerto de Barajas-Madrid.


Profesora, trabajaba en el Ministerio de Educación de Venezuela en un ambiente de tranquilidad, “rodeada de bien”, de su familia y amigos. Pero la inestable relación con su marido, los necesarios cuidados a su niño y la complicada situación de su país hizo que Milagros abriera una cuenta en redes sociales y vendiera lo poco que le quedaba para reunir el dinero suficiente de los cuatro pasajes que le trajeron a España la pasada primavera.


En Madrid fue acogida por una conocida, pero pasadas tres semanas, tuvo que dejar la casa y recurrir a la Mesa de la Hospitalidad de la Iglesia de Madrid, que le dio cobijo, junto a sus tres niños, en la Parroquia de Santa Irene. “En la parroquia dormíamos en una sala grande que compartíamos con otras personas. Nos separaba una cortinita. Fue una estancia corta, pero la recuerdo con cariño: por primera vez en mucho tiempo dormí tranquila”, explica.


Ahora su situación ha mejorado aún más, desde el pasado agosto, vive con sus niños en un piso del residencial de Cáritas Madrid, JMJ 2011, situado en San Blas-Canillejas. Es un alojamiento temporal (las familias están en torno a dos años) en el que ha empezado una nueva vida con la ayuda de Cáritas. “Dios siempre se hace presente de alguna manera en los momentos difíciles a través de una persona, de una mirada, de un abrazo”, afirma cuando relata cómo siente que en este último tiempo en el que la vida le ha sonreído.


Milagros afronta el futuro con optimismo, porque “siempre he tenido ángeles: instrumentos con los que Dios me ha ayudado. De hecho, doy gracias porque tengo conmigo a mis hijos, porque no puedo imaginar qué hubiera sido de mí si hubiera tenido que dejar mi país yo sola, sin mis niños, para conseguir dinero y evitar que pasaran hambre, porque sé que hay muchas personas que están pasando por esa situación. Eso no lo hubiera soportado”, admite.