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El Papa, en Pentecostés: para tener paz necesitamos al Espíritu, no pastillas o soluciones rápidas

 

Francisco nos llamó ayer a ser "hombres espirituales que devuelven bien por mal". Pero ¿cómo podremos hacer esto? El Santo Padre dio la fórmula:  “Debemos poner su mirada por encima de la nuestra”.


Cáritas Madrid. 10 de enero de 2019- El Papa Francisco celebró ayer la Santa Misa en la solemnidad de Pentecostés en la Plaza de San Pedro y aseguró que la historia de los discípulos, que parecía haber llegado a su final, es renovada por la juventud del Espíritu: “Aquellos jóvenes que poseídos por la incertidumbre pensaban que habían llegado al final, fueron transformados por una alegría que los hizo renacer” y esta transformación – puntualizó– es obra “del Espíritu Santo”.  

Y es precisamente en torno a la tercera persona de la Trinidad que el Papa Francisco centró su homilía. Para el Papa, el Espíritu no es, como podría parecer, “algo abstracto” sino “la persona más concreta y más cercana que nos cambia la vida”. Y para corroborar esto, pidió que nos fijemos en los apóstoles, a quienes el Espíritu no les facilitó la vida ni les realizó milagros espectaculares pero les trajo la armonía que les faltaba, “porque Él es armonía” ha dicho el obispo de Roma.

El Papa también señaló que la historia de los discípulos nos dice que incluso ver al Resucitado no es suficiente si uno no lo recibe en su corazón: “No sirve de nada saber que el Resucitado está vivo si no vivimos como resucitados”. Y en este sentido, explicó que es el Espíritu el que hace “que Jesús viva y renazca en nosotros” y el que “nos resucita por dentro”.


La paz es “recibir al Espíritu”

Posteriormente, narrando cuando Jesús le dice a los discípulos: «Paz a vosotros» y les da el Espíritu, el Pontífice señaló que la paz no consiste en solucionar los problemas externos sino en recibir el Espíritu Santo: “Cuántas veces nos quedamos en la superficie y en lugar de buscar el Espíritu tratamos de mantenernos a flote, pensando que todo irá mejor si se acaba ese problema, si ya no veo a esa persona, si se mejora esa situación” dijo el Papa, advirtiendo de que esta actitud no nos dará tranquilidad, pues “una vez que termina un problema, vendrá otro y la inquietud volverá”. En cambio, sí la encontraremos en la paz de Jesús y la armonía del Espíritu.


Necesitamos al Espíritu, no soluciones rápidas

El sucesor de Pedro también habló de la actual forma de vida, en la que vivimos sometidos a prisas y en la que parece que la armonía está marginada. “Vivimos  en un continuo nerviosismo que nos hace reaccionar mal a todo” dice el Papa y además, buscamos la solución rápida: “una pastilla detrás de otra para seguir adelante, una emoción detrás de otra para sentirse vivos”. Pero lo que necesitamos – puntualiza – “es el Espíritu”: “es Él quien pone orden en el frenesí. Él es la paz en la inquietud, la confianza en el desánimo, la alegría en la tristeza, la juventud en la vejez, el valor en la prueba”. Y es gracias a Él – ha señalado – que Jesús no es un personaje del pasado sino “una persona viva hoy”.


Las actuales desarmonías se traducen en divisiones

Por otro lado, el Papa habló de las “desarmonías” actuales, afirmando que se han convertido en verdaderas divisiones: “Están los que tienen demasiado y los que no tienen nada, los que buscan vivir cien años y los que no pueden nacer” y en esta era de la tecnología – puntualiza – estamos distanciados: “Más social pero menos sociales”. Frente a esto, el Papa afirmó que necesitamos “el Espíritu de unidad”, que nos regenere como Iglesia, como Pueblo de Dios y como humanidad fraterna: “El Espíritu Santo reúne a los distantes, une a los alejados, trae de vuelta a los dispersos. Mezcla diferentes tonos en una sola armonía, porque ve sobre todo lo bueno, mira al hombre antes que sus errores, a las personas antes que sus acciones”.


El Papa insta a ser hombres espirituales: devolver bien por mal

Al final de su homilía, el Santo Padre denunció la actual moda de “adjetivar e insultar” – “después nos damos cuenta de que hace daño” dijo el Papa – y explicó que devolviendo mal por mal y pasando de víctimas a verdugos, “no se vive bien”. De ahí de exhortación final a ser “hombres espirituales que devuelven bien por mal y responden a la arrogancia con mansedumbre, a la malicia con bondad, al ruido con el silencio, a las murmuraciones con la oración, al derrotismo con la sonrisa”. Pero para ser espirituales y gustar la armonía del Espíritu – concluye – “debemos poner su mirada por encima de la nuestra”.

 

Fuente: Vatican News