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El milagro del voluntariado en Cáritas

Mari Loli nos da testimonio como voluntaria en la Colonia Urbana "CEM VICÁLVARO" de Cáritas Vicaría III. Este proyecto se realiza en colaboración con el Programa CaixaProinfancia de Obra Social “la Caixa”.


Cáritas Madrid. 17 de julio de 2017.- Se dice que el tiempo es dinero; pero en Cáritas el tiempo es amor. Este verano tuve la oportunidad de participar por primera vez como voluntaria en la colonia urbana de Cáritas Vicaria III. Cuando estaba en el instituto hice algo de voluntariado en mi país pero nada comparado con esta experiencia. Desde un principio mi acercamiento con el personal de la Entidad fue una experiencia muy agradable. A veces no es fácil sentirse “en casa” estando en un país tan lejano de casa, en el que a pesar de hablar el mismo idioma las barreras pueden llegar a ser tan duras de traspasar. En todas las reuniones con los voluntarios y la coordinadora me sentí siempre parte del equipo, bienvenida y valorada por desear colaborar en este proyecto.


Tengo que confesar que al principio daba un poco de miedo: ¿cómo voy a relacionarme con los chavales? ¿Les voy a caer bien? ¿Con cuál grupo voy a "encajar" mejor, con los más pequeñitos o los mayores?... Todo eso aunado a la organización logística matutina, que suena sencillo decirlo pero volver a madrugar, preparar todo la noche anterior, no es tan simple cuando llevas más de 6 meses sin trabajar. El primer día fue algo particular tanto para los niños como para mí. Volví a casa hecha polvo ¡como me dolían las piernas! Pero con muchas historias que contarle a mi esposo y a mi padre de este grupo de pequeñitos que me habían dejado reventada pero muy feliz. Mi marido me dijo que tenía mucho tiempo que no me escuchaba tan ilusionada.


Los días siguientes pasaron entre talleres, piscina, visitas y un esfuerzo enorme por aprenderme en el menor tiempo posible más de 20 nombres (tengo que confesar que “rebauticé” varias veces a más de uno); además de hacer que ellos se aprendieran el mío. En esos días me volví guía de turista en los museos, socorrista en las piscinas y una artista famosa que volvía siempre a casa con las manos, brazos y ropa manchados de pintura. La mejor manera de cerrar las actividades y que hacía que me levantara el día siguiente muy temprano era ver esas caritas por las tardes llenas de ilusión preguntándote ¿vas a venir mañana? Descubrí que sí hay algo mejor que un café para comenzar tu día y es un abrazo de un pequeño sonriente que se cuelga de tu cuello llamándote por tu nombre, que está feliz de que hayas llegado. Estar con ellos es también mucha responsabilidad y trabajo físico, pero es muy gratificante devolverle los críos a los padres, felices, cansados y sin pupas nuevas. 


Mi vida en estas semanas ha cambiado mucho, me la paso pensando en los niños, en qué juegos les puedo poner y en que ya los extraño aun cuando todavía no se termina el curso. Este verano ha sido muy diferente de los demás, pero para bien y espero poder volver a tener la oportunidad de participar en otras actividades como voluntaria y seguramente intentare seguir trabajando con estos mismos peques que me los llevo en el corazón a todos y que deseo que sean muy felices y que tengan una vida hermosa.


Finalmente quisiera decir que entré como voluntaria a Cáritas en esta colonia urbana pensando que era yo la que les daba mi tiempo a los pequeños; pero nunca me imaginé que en realidad eran ellos los que me iban a dar a mi tanto amor… éste es el milagro del voluntariado en Cáritas.