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El bote de la felicidad

La ludoteca del Centro de Cáritas en el arciprestazgo de San Matías de Vicaría I tiene como objetivo que los niños aprendan a desarrollar su inteligencia emocional en un ambiente de felicidad.


Cáritas Madrid. 11 de mayo de 2017.- Hoy nos hemos acercado a pasar un rato en la Ludoteca de San Matías donde colaboran Rosa, Pilar, Elena y Cristina, cuatro voluntarias que dedican dos tardes a la semana para que los niños que acuden al centro aprendan a desarrollar su inteligencia emocional en un ambiente de felicidad.  Y realmente parece que lo consiguen.


Los niños entran encantados y lo primero que hacen es saludar a las monitoras. Este año hay quince niños y niñas de entre tres y seis años. Llegan del cole y enseguida se toman su merienda. Luego cada uno se pone a jugar con lo que más le guste. Algunos cogen unos libros “el que más me gusta es el del monstruo de colores” me dice una niña que abriendo el libro me explica de qué color se pone el monstruo cuando está contento. ¡¡Y gracias a ella hoy he aprendido que el monstruo se pone amarillo siempre que está feliz!!


Porque aquí se viene a jugar, pero también se trabajan los valores y las emociones básicas. Es un trabajo continuo que se realiza con un material pedagógico extraordinario. Se trata de aprender a diferenciar las emociones y a saber interpretarlas para conocerse a uno mismo y entender a los demás.


Aquí se organizan juegos para fomentar la creatividad y la capacidad de asombro de los niños y ayudarles a aprender a regular sus emociones. El proyecto empezó para cuidar a los niños pequeños mientras sus madres acudían al aula de Cáritas, pero  gracias al esfuerzo de las voluntarias, enseguida se transformó en una experiencia enriquecedora que les ayuda a activar su luz interior.


Hoy toca hacer el “Bote de la Felicidad” porque siempre hay que celebrar las cosas buenas y ser conscientes de todo lo bueno que nos ocurre cada día. Para eso los niños traerán cada semana un papel diciendo algo bueno que hayan vivido… hasta llenar el bote. Sin lugar a dudas, mi aportación al bote sería el ratito que he podido compartir con ellos esta tarde.


Cuando me voy, todos los niños se despiden de mí cariñosamente y les dejo con el Rincón de las emociones,  El pez del arco iris y dos estupendas monitoras que saben que el auténtico aprendizaje se hace con amor.