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De franjas, círculos y datos

El pasado 8 de mayo, Cáritas Española presentó el Informe Economía Solidaria 2018 y dio un dato esperanzador: 13.545 personas accedieron a un puesto de trabajo en 2018 con el apoyo de los programas de empleo de Cáritas. Inés fue una de ellas, pero su historia es mucho más que un número. Es una historia de superación.

 

Cáritas Madrid. 16 de mayo de 2019- El pasado miércoles 8 de mayo, Cáritas española presentó su Informe de Economía Solidaria 2018: Economía y Personas. Con valores, hay derechos.También un avance de los contenidos sobre empleo del próximo informe FOESSA.


En la rueda de prensa participó Inés (nombre supuesto). Inés fue derivada a la Agencia de Colocación desde uno de los recursos residenciales de Cáritas Madrid. Llegó a España hace casi treinta años. Era muy joven y había dejado un hijo en su país de origen. Trabajó cinco años como interna, pero al fallecer la persona a la que cuidaba, se quedó en el paro y sin derecho a prestación por desempleo, porque las empleadas de hogar aún no disfrutan de esa cobertura. Desde entonces, concatena trabajos precarios.

A esta situación precaria Inés tuvo que sufrir además el abandono por parte de su pareja y las consecuencias de esto: tener que cuidar ella sola de los dos hijos que tuvo viviendo ya en España; el dolor por la muerte de su padre, en su país, sin que pudiera despedirse de él; el miedo a que ocurra lo mismo con su madre...

Su vida no ha sido y no es fácil. Pero Inés no deja de dar gracias al Padre y a todas las personas e instituciones que la han ayudado, aunque, no sin razón, "soy yo la que hago el esfuerzo mayor". "Confío en mi", dice con una sonrisa de contornos suaves que desarma a su interlocutor.


Desde la Agencia de Colocación de Cáritas Diocesana de Madrid se la derivó a un curso de limpieza en nuestro Centro de Capacitación Laboral San Felipe Neri. Finalizado el curso, llegó una oferta de limpieza a la que se envió su curriculum. Fue contratada.  Ahora quiere un empleo con más horas, puesto que el que desempeña es a tiempo parcial.


Los que nos dedicamos al sector social recurrimos en ocasiones las a cifras, figuras geométricas y conceptos para explicar los procesos de exclusión social. Tres franjas verticales usó Robert Castel para explicar que las personas se encontraban en situación de inclusión, vulnerabilidad o exclusión social, siendo el empleo uno de los factores que determinan que una persona esté en una u otra franja. Dos círculos usan los sociólogos del trabajo, para explicar que existe una severa fragmentación de la población activa, con un círculo central, cada vez más reducido de trabajadores con derechos laborales garantizados; y un segundo círculo, concéntrico al anterior, conformado por trabajadores instalados en la precariedad laboral y vital.


La encuesta de población activa o el índice sintético de pobreza AROPE, sirven para cuantificar la situación actual del mal llamado mercado de trabajo. El concepto de ruptura de la norma social del empleo nos viene a decir que el trabajo ya no protege contra la pobreza.

Y sin embargo, con todos sus limitaciones expresivas, con los nervios a flor de piel, Inés tiene algo que la sociología, con todo el potencial de sus herramientas de análisis e interpretación de la realidad social no logra captar: como dijo el nobel de literatura R. Tagore, tras leer las bienaventuranzas "he escuchado el eco inconfundible de la verdad ". Inés dijo que quería una oportunidad. Una oportunidad para demostrar que puede trabajar. Una oportunidad para cotizar a la Seguridad Social, y tener una pensión cuando sea mayor. Una oportunidad para tener un sueldo y poder pagar el alquiler de una vivienda, los suministros, la comida… sin la ayuda de nadie. Simplemente, trabajar para tener una vida autónoma.


Eso nos dijo, entrecortada  y nerviosa, Inés. Sin círculos, sin franjas, sin datos, sin modelos o conceptos. Y nos vino a la cabeza el evangelio de Mateo en el que se ensalza la sabiduría de la gente sencilla (Mt 11,25).