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Comunicar la caridad

Mario Alcudia comparte su testimonio con los voluntarios que realizan tareas de comunicación, en la ponencia que desarrolló en el Centro de Estudios de Cáritas Madrid.

 

Cáritas Madrid. 6 de marzo de 2018.- Hace unos días tuve la suerte de compartir un encuentro con un nutrido grupo de voluntarios del equipo de comunicación de Cáritas Madrid. El tema propuesto para la reflexión fue El compromiso de la comunicación para la sensibilización de la Iglesia y de la sociedad. Mi testimonio y aliento nacía de mi admiración por el trabajo de esta organización eclesial, la labor de sus voluntarios, su entrega abnegada y su generosa vida puesta al servicio de los demás, una auténtica vocación como el periodismo.

 

Como en alguna ocasión nos ha recordado Francisco, Cáritas es la caricia de la Iglesia a sus hijos, la ternura, la cercanía; ellos son testigos primarios del amor de la Iglesia, la muestra a través de sus obras de la fuerza del amor cristiano, saliendo al encuentro del que sufre por su pobreza. Cáritas es la sal, la levadura y la luz de la Iglesia; el faro de esperanza para las personas más necesitadas; eso que de forma tan hermosa pide el Papa: optar por una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle pero no enferma por el estancamiento y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades.

 

Cáritas organiza el amor para dar respuesta y acogida al que sufre con obras concretas de misericordia. Por todo ello, ante ese apasionante mensaje les recordaba que la Iglesia vive para comunicar; el Evangelio es Buena Noticia. Y nuestra asignatura pendiente en tantas ocasiones es la comunicación. En el caso de estos voluntarios que se forman en comunicación, ser capaces de que esa enorme tarea sea conocida. Porque, les insistía, la labor de Cáritas tiene implícita una dimensión pública y, por tanto, que precisa ser comunicada con eficacia.

 

La comunicación es también una posibilidad de servir al hombre. Y esto aún es más importante cuando la experiencia y el bien llega y es conocido por muchos otros. Les pedía un esfuerzo más, capacitarse para comunicar experiencias y testimonios de vida, de entrega y caridad apasionantes; un mensaje capaz de calar mucho mejor en un público en ocasiones alejado que, sin embargo, es capaz de reconocer la labor ingente de la Iglesia en este servicio a la persona.

 

En este sentido, les pedía que nos ayuden a los comunicadores a acercarnos al fenómeno de la pobreza más allá de momentos puntuales durante el año: la Campaña de los sin Techo, contra el Paro, la Navidad o la presentación de la Memoria Anual… historias fuera del carril periodístico y de los fríos números que ceden el paso a casos de superación, de esfuerzo cotidiano y de esperanza más allá del tratamiento superficial al que estamos acostumbrados. En suma, la lucha por una comunicación verdadera y profunda.

 

Cáritas tiene un infinito número de historias personales, con nombre y apellidos, gracias al trabajo y la atención desde las parroquias, las vicarías, los servicios de orientación y empleo, los cursos de alfabetización… a través de sus planes de concienciación social, de atención a personas en situación de vulnerabilidad y en riesgo de exclusión social. A todos ellos están llamados a ponerle voz y rostro a través de los medios de comunicación, siendo capaces de ayudarnos a los periodistas a mirar esa realidad con ojos distintos, a apreciar la experiencia humana, construyendo así la auténtica cultura del encuentro a la que nos llama el Papa; porque bien sabemos que las estrategias comunicativas no siempre garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación.

 

Entre todos, señalaba, estamos llamados a dar testimonio de este rostro de la Iglesia. La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de la Iglesia capaz de lograr llevar calor y encender los corazones. Cuánta razón tiene el Pontífice cuando indica que la regeneración de la Iglesia y de la vida cristiana parte del redescubrimiento de la gozosa tarea de vivir y comunicar el Evangelio en la periferia, convirtiéndola en lugar privilegiado para la presencia cristiana.

 

Sembremos y demos ejemplo con obras y palabras. El testimonio es el inicio de la evangelización que toca el corazón y lo transforma. Ya san Juan Pablo II decía que la fe madura cuando se comunica; en palabras de Francisco, una Iglesia en salida es una Iglesia dispuesta a comunicar. En definitiva, que el reto de la caridad es una urgente invitación a la comunicación.

 

Fuente: www.archimadrid.org