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Chocolate con churros en Marte

Personas del proyecto de personas sin hogar de Cáritas Madrid, CEDIA, visitan dos exposiciones en la Fundación Telefónica. Una, de carácter temporal, sobre lo que, de momento, parece una utopía: viajar a Marte. La otra, permanente, sobre la historia de la Telecomunicaciones.


Cáritas Madrid. 25 de enero de 2018.-

Una de las consecuencias personales del sinhogarismo es la desestructuración de la persona, la pérdida de socialización, que se manifiesta en la pérdida de rutinas, hábitos y horarios. ¿Qué sentido tiene madrugar, si no hay que llegar a un trabajo, llevar unos hijos que llevar al colegio, si no hay ninguna obligación que cumplir, si no hay nada satisfactorio esperándonos a los largo del día? ¿Qué diferencia un lunes de un sábado o un domingo, el mes de agosto del de noviembre?


La vida de una persona sin hogar, en una centro como el nuestro, CEDIA, podría ser muy monótona: levantarse, desayunar, hacer alguna gestión (Servicios Sociales, Oficina de Empleo…), comer, tomar café, ver la televisión durante horas, fumar, cenar, acostarse. De lunes a domingo, sea el mes que sea. Además, cumpliendo unos horarios que no son establecidos de manera autónoma por cada persona, sino los marcados, lógicamente, por el centro para poder funcionar y dar un servicio adecuado.


Por eso, en el proyecto de personas sin hogar de Cáritas Madrid, CEDIA, hay talleres y actividades programadas a diario. Cada una con sus objetivos, pero también, para romper con la monotonía y para logar la activación de las personas atendidas.


Una forma muy sencilla de romper la monotonía es salir del centro. Aprovechar la amplia oferta cultural de la ciudad de Madrid, coger el metro o el autobús, y salir de CEDIA. Eso es lo que hicimos el viernes. Cogimos el metro y nos fuimos a ver dos exposiciones en la Fundación Telefónica. Una, de carácter temporal, sobre lo que, de momento, parece una utopía: viajar a Marte. La otra, permanente, sobre la historia de la Telecomunicaciones, en la que pudimos ver la evolución de la telefonía a lo largo de su historia. También aprovechamos para  hacer una visita virtual a la historia del emblemático edificio de la Telefónica en Gran Vía.


Unos huevos fritos, patatas fritas, chocolate, churros… Esa es otra de las limitaciones de vivir en un albergue: determinados platos no están incluidos en los menús, no se puede elegir que se come. Por eso no deja de ser una oportunidad salir del centro para merendar y, por ejemplo, tomarnos un chocolate con churros. Sentados por grupos de seis o siete personas, entorno a los veladores de la chocolatería, se produce un fenómeno curioso: del silencio se pasa a unas tímidas conversaciones, que dan paso a un rico intercambio. Personas que convivían en un mismo centro, que no habían hablado entre ellos nunca, intercambian opiniones sobre comida, cine, la ciudad de Madrid, sus países de origen… Sólo por eso ya merece la pena romper una tarde con nuestro rimo habitual en CEDIA.


¿Para qué sirve investigar sobre Marte?, se preguntaba una de las personas participantes en esta actividad. ¿Para qué sirve soñar con llegar a Marte? ¿Para qué sirve la utopía? Como dijo Fernando Birri, la utopía sirve para caminar, porque la utopía es como el horizonte, y si andamos en la dirección de la utopía, ésta siempre estará un poco más allá. ¿La utopía de que un día desaparezca el problema de las personas sin hogar? Eso no es una utopía, es una certidumbre. Para ello trabaja Cáritas Madrid.